El Derecho Natural es la estrella polar de quienes tienen el poder político

El Derecho Natural es la estrella polar de quienes tienen el poder político. La cuestión se reduce a determinar cual es la fuente última y fundamental de las leyes, si lo es Dios o si lo somos los hombres. Hay que elegir. Si de la escena pública desaparecen Dios y la Ley natural el hombre se convierte en un dios que hace lo que le da la gana, su única ley es su voluntad; y a su imagen y semejanza el Estado se convierte en un dios social que también hace lo que le da la gana, su única guía es su voluntad, a la que eufemísticamente llama voluntad popular. Sin leyes naturales que observar los que mandan tienen plenitud de potestad para mangonear todo lo nuestro. La conclusión es clara: si queremos ser libres tenemos que asumir que la fuente última del Derecho es Dios, ya que su Ley Natural es lo único que limita al poder señalándole como actuar honestamente.

«…el hombre se convierte en un dios que hace lo que le da la gana, su única ley es su voluntad; y a su imagen y semejanza el Estado se convierte en un dios social «

En realidad la Ley Positiva es una ley artificial que el legislador pinta o construye siguiendo el modelo de la Ley Natural, como lo hace un artista, un pintor o un poeta, ya dije que el Derecho es un arte, esto lo explica muy bien el jurista italiano Carnelutti en un bello libro titulado Arte del Derecho. Y de esta forma, copiando el bien que hay en la naturaleza, en Comunidad ese bien se transforma en bien común, que es el fin propio de un Estado Justo. En la tradición cristiana el bien común es una situación en la que se conjugan tres elementos: paz, justicia y suficiencia de bienes, al servicio de estos fines deben estar los gobernantes y los legisladores, no de sus intereses particulares. De manera que si el Derecho Positivo sigue el norte que le marca la estrella polar que es la Ley Natural, que es su alma, hay Derecho Justo y un Estado de Justicia. Pero si no es así y está mal pintado o construido lo que hay es mera fuerza, violencia amparada en forma de ley, un Derecho Injusto. Y cuando esto se convierte en patológico, de manera que el mal se instala como principio en la Comunidad a través de sus normas positivas, existe lo que Del Vecchio llama Estado Delincuente, así tituló uno de sus libros, y Zubiri denomina Estado de Maldad. Ambas categorías vienen a coincidir, más o menos, con lo que san Agustín llamó Civitas Dei o del Bien y Civitas Impiorum o del Mal.

José Ramón Recuero

El Derecho Natural existe

Derecho Natural existe y lo captamos en nuestro interior.  De la misma forma que hay leyes físicas, como la de la gravedad, hay leyes morales, como la que ordena respetar toda vida humana. Así ha hecho Dios el Mundo: dos y dos son cuatro, los ratones no engendran caballos y el homicidio está mal. Se trata de esas leyes no escritas de las que hablaron Antígona y Aristóteles, a las que una tradición cristiana bimilenaria llama Derecho Natural. El cual es un regalo que Dios nos hace, pues como dice san Pablo a los romanos esa Ley está escrita en nuestros corazones, en el centro mismo de nuestra alma. Tenemos ahí una chispa de lo divino que permite a nuestro entendimiento discernir lo bueno de lo malo, y eso sin quitarnos la libertad de actuar de una u otra forma. Lo primero que captamos es esto: el bien ha de hacerse y el mal ha de evitarse. Concretando más Ulpiano aludió a vivir honestamente, no dañar a nadie y dar a cada uno lo suyo; unos principios que el Cristianismo plasmó en el Decálogo, diez palabras que defienden bienes que están en la naturaleza: vivir en la verdad, pureza de corazón, defensa de toda vida humana, amor a la familia, respeto de lo ajeno, etcétera.

«Derecho Natural existe y lo captamos en nuestro interior»

En esta concepción el Derecho no se identifica con la orden del que manda, no es sólo la ley positiva que publica el boletín oficial del Estado, sostener tal cosa es primitivo y simplista. Es algo mucho más rico. Si la Ética es el arte de gobernarse a sí mismo, el Derecho es el arte de gobernar la Comunidad en función del bien y la justicia naturales. Así lo definió el jurista romano Celso, como arte de lo bueno y de lo justo, de aplicar leyes que no son de ayer ni de hoy, sino de siempre. Esa es la razón por la que la Justicia se representa como una Virgen con los ojos vendados, símbolo de incorruptibilidad, que con su balanza nivela y con su espada ataja el mal.

José Ramón Recuero

Los principios del humanismo cristiano señalan el camino del Bien Común

Los principios del humanismo cristiano señalan el camino del Bien Común, en cuanto la persona como ser social, y en el que la persona y la sociedad han de buscar lo mejor para el conjunto de seres humanos que la conforman. Bien Común que permita una sociedad donde la persona se desarrolle integralmente. Una sociedad más justa, donde impere la seguridad jurídica y el cuidado del entorno limitado en el que desarrollamos nuestra vida, que debemos de mantener y mejorar para generaciones futuras. El Bien Común también supone una adecuada organización social y política en la que la persona puede participar, que permite a la sociedad llegar a las situaciones más críticas, así como proteger a aquellos que sufren y aupar a los menos favorecidos. Un Bien Común que se relaciona estrechamente con los principios de subsidiaridad y de solidaridad.

Descendiendo unidos en la niebla.
Descendiendo unidos en la niebla.

Fuente de principios inspiradores para guiarnos en nuestro recorrido hacia el futuro

El humanismo cristiano no solo surte de valores y pensamiento para tener una visión crítica propia, personal o social, ante situaciones o tendencias determinadas. Un modo de tener una postura firme en las aguas no siempre tranquilas que surcamos. También es una fuente de principios inspiradores para guiarnos en nuestro recorrido hacia el futuro. Por eso, el humanismo cristiano es un elemento de gran peso y difícil de sustituir para todos aquellos que creen en un mundo mejor donde la dignidad de la persona es inalienable y que desean trabajar en la realización práctica de ese mundo mejor en la vida social y política.

Pirineos (España) 2022

La tiranía del laicismo

El dios actual (arjé) es el hombre de carne y hueso.

La primera forma que tiene el Estado de controlarnos hace referencia a las creencias que predominan en la Comunidad Política. Hemos convenido que en cada Comunidad su Derecho Positivo se fundamenta en las creencias básicas generalmente aceptadas, creencias básicas radicales cuya piedra angular es la creencia primordial, lo que llamo el arjé generalmente aceptado, el dios, escrito con minúscula, en que la mayoría de los miembros de una Comunidad cree. La actual fe se basa en el antropoteismo, es la religión materialista de que traté en la Ética, la ola laicista que nos invade. Para ella la fuente de todo, dios, el arjé, es la Madre Naturaleza, el Mundo Material, y el Cuerpo Humano como parte de él. Ahora el hombre es una bestia que se cree dios, el ombligo del mundo, el hombre es dios para el hombre. Esta es la actual religión civil o laica basada en mera teología física, materialismo puro y duro, laicismo.

El antropoteismo convierte a Leviatán en un dios social.

Una política con el hombre como dios endiosa al Poder

Una política con el hombre como dios endiosa al Poder (recordemos el animismo político). Leviatán se cree dios, el dios social, esa es su alma. Ya nos aseguró Hegel que el Estado es «dios real» en la tierra.

Y excluye a Dios de la vida social, hay política sin Dios.

Hablo ahora de Dios con mayúscula, como Espíritu que es arjé. Dios sale de la vida social y se recluye en las conciencias, vivimos como si Dios no existiera.

Con lo que el actual es un Estado Laico Confesional, confesionalmente laico, laicista.

No hay aconfesionalidad del Estado, lo que hay es un Estado confesionalmente laico.

Intolerante con las otras religiones.

Es un Estado intolerante además con las demás religiones, como la cristiana, que pretende vuelva a las catacumbas. La supuesta «tolerancia escéptica y relativista» de que se nos habla supone obligarnos a todos a admitir que todas las opiniones valen lo mismo, es decir, nada, porque no hay verdad ni falsedad, no hay bien ni mal. Con esa idea de que toda opinión vale lo mismo (menos esta: la de que todas valen lo mismo, esta sí es verdad) se nos está imponiendo dogmáticamente el relativismo y el nihilismo, es decir, el laicismo. Eso es una trampa, la trampa saducea del laicismo.

La supuesta «tolerancia escéptica y relativista» de que se nos habla supone obligarnos a todos a admitir que todas las opiniones valen lo mismo, es decir, nada, porque no hay verdad ni falsedad, no hay bien ni mal.

Con su fundamentalismo y dogmatismo Leviatán Laico quiere imponer su doctrina y su credo.

Como señalé, los que mandan persiguen únicamente su propio interés, que es imponernos a todos por la fuerza el laicismo antropoteista y materialista. 

La hoja de ruta del laicismo.

Para llevarlo a cabo existe una hoja de ruta del laicismo que define cómo hacer una ingeniería social con todos nosotros, con nuestros cuerpos y con nuestras almas, una ingeniería que implante el laicismo en nuestras vidas, en nuestras libertades y en todos nuestros bienes, en todo nuestro suum. Tal hoja de ruta está bien definida. El año 2007 se ha publicado un Libro Blanco de la Laicidad que da las pautas para implantarla, siguiendo la estela de lo ocurrido en Francia durante la revolución en la que Leviatán se hizo democrático. La «Asociación Europa Laica», muy activa, ha redactado, presentado y explicado recientemente en el Parlamento Europeo una llamada Carta Europea por la Laicidad y la Libertad de Conciencia que indica los criterios para implantarla en todo el continente, y con este mismo fin, difundirla, ha establecido todos los años un día internacional del laicismo y de la libertad de conciencia (9 de diciembre). La «Fundación Ferrer i Guardia» ha desarrollado una hoja de ruta del laicismo para su implantación en España en el llamado Manifiesto de Barcelona, del año 2002. En Universidades se crean foros de laicidad, como la Cátedra de Laicidad y Libertades Públicas Fernando de los Ríos establecida en una Universidad española con la colaboración de organizaciones laicistas, la cual incluso ha promovido un «código del laicismo». Asociaciones, movimientos, observatorios, publicaciones… de todo hay.

La hoja de ruta laicista se centra en la implantación de una política sin Dios y sin Ley Moral.

Se centra en una política en la que el hombre de carne y hueso es el nuevo dios que, inmerso en el relativismo, crea a su antojo su propio bien y su propio mal. Para conseguir lo cual Leviatán debe llevar a cabo una ingeniería social antinatural, antihumana, bestial, que nos obligue a todos a comulgar con ese gran naufragio de la vida racional, opuesto a la naturaleza de las cosas y a la auténtica moral.

Los valores laicos.

«La laicidad es la regla de vida en la sociedad democrática», comienza diciendo el Libro Blanco de la Laicidad, un principio que debe aplicarse en todo proyecto político de cualquier Estado, de la Unión Europea o Mundial. Los «valores laicos», así se les llama, ¿en qué consisten?, ¿cuáles son? Se centran en la liberación de sobrestructuras y alienaciones y en la idea de una libertad carente de toda regla moral (lo cual es un gran engaño, lo sabemos por la Ética), haciendo que el hombre, inmerso en un total y absoluto relativismo, sea dueño de su destino y haga lo que le de la gana y le apetezca, sin normas, sin contar con los demás ni con lo que está o no está en la naturaleza de las cosas. En ese «valor» y en esa religión antropoteista tiene Leviatán que educar al niño desde su más tierna infancia.

Leviatán dispone de vidas, libertades y demás bienes.

Este penoso naufragio de la moral se consagra de hecho mediante una ingeniería social con la que Leviatán dispone a su capricho de todo lo nuestro, de nuestro suum, de nuestras vidas, nuestras libertades y nuestros bienes. Nacimiento, vida y muerte son considerados desde la libertad individual carente de normas, de manera que el derecho a matar a otro está garantizado, incluso en ocasiones es el Estado quien mata a sus ciudadanos como una prestación pública gratuita que todos pagamos con los impuestos.

El Estado Laico dispone del derecho a la vida de sus miembros.

La historia está plagada de homicidios, desde Caín y Abel, lo peculiar de nuestra época es que matar a un hombre se considera bueno y se hace legal, incluso se convierte en un derecho que el Estado ampara, sufraga y hace efectivo. El Estado no protege al que va a morir sino a aquel que quiere matarlo. Leviatán tiene el ius vitae de sus miembros, dispone de sus vidas, lo más preciado que poseen.

Lo hace cuando el derecho a la vida del pobre ser humano embrionario se transforma en un derecho a congelarlo, manipularlo y después tirarlo, lo que de hecho da lugar a la eliminación de miles de niños-probeta por el Estado. Se fabrican hombres en probetas y se conservan en nitrógeno líquido, pequeños seres humanos formados a partir de un cigoto y con su personal ADN son utilizados por el Estado como cosas que se pueden donar, congelar, seleccionar para eliminar los tarados, usar para investigar y, en fin, destruir cuando ya no son útiles.

También lo hace cuando el derecho a vivir que tiene todo ser humano mientras se desarrolla y crece en su seno materno se sustituye en un derecho a matarlo libremente mediante su aborto, y además es el Estado quien se encarga de eliminarlo dándole el carácter de una prestación pública sanitaria. Mientras vive y se desarrolla dentro de su madre la vida del niño está amenazada de una muerte amparada por el Estado, incluso pagada y practicada por él, millones de inocentes seres humanos son eliminados alevosamente mediante ese homicidio llamado aborto libre y sin causa.

También cuando el derecho a continuar viviendo del recién nacido que está enfermo se convierte en un derecho a matar al niño mediante la eutanasia neonatal, regulada, garantizada y practicada por el Estado. Hay países como Holanda en los que incluso se ha establecido, pagada con dinero público, una Comisión especial  del Estado llamada «Comisión Central de Expertos sobre interrupción tardía del embarazo y terminación de la vida de recién nacidos».

Y, en fin, el Estado Laico tiene también en sus manos el ius vitae de todos cuando el derecho natural a vivir de enfermos, débiles, ancianos y cualquier otra persona, se transmuta en un derecho del Estado a ejecutarlos mediante la mal llamada eutanasia usando para ello su sistema sanitario, estableciendo incluso clínicas especializadas en «matar bien» a los pacientes y en llevar a cabo tales ejecuciones «con esmero». En estos casos el «médico» puede matar impunemente a su paciente, y tales homicidios son supervisados y aprobados por el Estado, que los considera una prestación sanitaria y crea unas Comisiones específicas para controlar cada una de las ejecuciones una vez notificadas reglamentariamente.

En todos estos casos, los sanos y fuertes acaban con las vidas de los débiles y e inocentes usando para ello el aparato del Estado, Leviatán tiene en sus manos el ius vitae de sus súbditos, su derecho a la vida, lo más preciado de su suum. La vida humana es atacada por Leviatán Laico precisamente en sus fases más delicadas e inocentes, y eso se considera bueno y encomiable. El mal se disfraza de bien, y la Justicia y el Derecho entran en bancarrota.

El Estado Laico dispone de la libertad de sus miembros.

Leviatán dispone también de la libertad de sus miembros, a pesar de que es un derecho natural. Todo a causa del gran engaño que ha provocado esa imagen de la Voluntad General. Cada uno renuncia a su libertad más íntima, que es la del arbitrio libre de su propia voluntad, y la deposita en esa mística Voluntad de lo Común, creyendo así que preserva su libertad, que se obedece a sí mismo cuando cumple cualquier ley ¡Qué ingenuidad, qué inocencia!, en realidad han corrido detrás de sus cadenas y la han perdido para siempre. Ya dijo el Eclesiástico que es infinito el número de los necios, y Salomón que la estupidez es fuente de gozo para el estúpido. ¡Libre atado a la voluntad de todos los demás! En realidad Leviatán Laico Confesional es el único que de hecho es libre, y así puede imponer a todos su nihilismo relativista.

Leviatán dispone también de la libertad de sus miembros, a pesar de que es un derecho natural. Todo a causa del gran engaño que ha provocado esa imagen de la Voluntad General. Cada uno renuncia a su libertad más íntima, que es la del arbitrio libre de su propia voluntad, y la deposita en esa mística Voluntad de lo Común, creyendo así que preserva su libertad, que se obedece a sí mismo cuando cumple cualquier ley

El Estado Laico dispone de los demás bienes de sus miembros.

No sólo vidas y libertades están en sus manos, también los restantes bienes, Leviatán dispone también de los bienes de sus miembros. Lo quiere todo, todo suum, como aquel Timoteo, general ateniense, que recibió el nombre de Dichoso y al que se aplicó el proverbio: «incluso durmiendo su red recoge para él». El Estado, incluso durmiendo, recauda y confisca a diario ingentes sumas que están gastadas antes de entrar en sus arcas. Todos debemos ingresar continuamente dinero en su cuenta bancaria sin que se moleste siquiera en venir a recogerlo, somos sujetos pasivos, retenedores, repercutidos y otras especies tributarias, hay impuestos para todo.

En resumen, Leviatán Laico juega a ser dios, intolerante además.

Como vemos Leviatán Laicista juega a ser dios y hace lo que quiere con nuestras vidas, con nuestras libertades y con nuestros más preciados bienes. Y lo que desea es conformarnos a su imagen y semejanza.

José Ramón Recuero. Respuestas breves a inmensas cuestiones. (Cuestiones 592-605)

Jacques Maritain

El humanismo cristiano tiene en Jacques Maritain a su principal fundador. El filósofo católico francés (1882-1973) configuró en su pensamiento y en sus obras las líneas fundamentales y principios del humanismo cristiano. Maritain, de familia protestante, se convirtió al catolicismo con su mujer Raïssa (1906). Fue embajador de Francia ante la Santa Sede después de la Segunda Guerra Mundial.

Entre sus obras, “Humanismo Integral” destaca como la que ha dejado mayor influencia y donde desarrolla los principios de su pensamiento.

La Comunidad Política

Los elementos sociales

522.- Factores de una Comunidad.

Analicemos en primer lugar los elementos o factores que intervienen en la convivencia humana, descomponiendo y diferenciando unos de otros. Los básicos son cuatro: las personas, el suum, las fuerzas y el régimen u organización.

523.- Las personas.

Vemos en primer término mujeres y hombres que son, que somos, una mezcla de racionalidad y de absurdo, de prudencia y de necedad (como sabemos por la Ontología), cada uno con sus creencias, sus ideas morales, su conciencia y sus pasiones. Cada cual es para sí mismo «Yo» y los demás semejantes son para él «Tú», de manera que quienes conviven en un lugar y en un tiempo determinados forman una Comunidad, del tipo que sea, pues observamos que hay muchas y muy diferentes entre sí.

524.- El «suum»: vida, libertad y bienes.

Divisamos igualmente que también hay cosas o realidades diferentes de las personas, y que sintetizando son la vida de cada hombre, su libertad (en el sentido moral) y sus demás bienes, incorporales o corporales. Vida, libertad y bienes son el «suum» de cada cual, lo suyo, algo que siempre ha existido y existe con independencia de su forma de atribución, y que provoca en los hombres dos palabras mágicas que oímos constantemente: mío y tuyo. Es posible, y aún probable, que los que vivían en los Campos Elíseos, en aquellos siglos dichosos a quienes los antiguos pusieron el nombre de dorados o en la morosofica Utopía, ignorasen estas dos palabras: tuyo y mío. Pero aquí, en la tierra, los hombres de carne y hueso utilizan esas dos palabras, lo mío y lo tuyo, como moneda corriente para expresar que cada persona tiene (o quiere tener) lo suyo, es decir, su vida y su libertad (que es lo suyo interno o inmanente) y también sus otros bienes (lo suyo transcendente o exterior). Esto es lo que, sustantivizando el término latino, llamo «suum»,«lo suyo», lo de cada cual.

525.- Las fuerzas: fuerza física, fuerza de la razón y fuerza del amor.

¿Cómo dar a cada uno lo suyo? Para intentar contestar a esta pregunta tenemos que acudir al tercer elemento social que apunté: las fuerzas que mueven a las personas, relacionándolas entre sí y con los bienes. Como ya sabemos el Mundo que contemplamos no es estático, es dinámico. En sentido impropio puede decirse que está vivo, ya que es energía relativa en continua acción y reacción, de manera que  las personas están viviendo (yo existo sintiendo y pensando), en gerundio, lo que significa que tienen la cualidad de ser movidos y de mover (en sentido aristotélico, no en el meramente local), de ser causados y de ser causa. Usando la que desde Newton es la noción básica de la mecánica, las personas utilizan fuerza. Como animales absurdos que son en sus relaciones mutuas usan fuerza bruta, que es la fuerza material o física. Como seres que además poseen una razón, que no es dios, pero que es, utilizan también en sus relaciones mutuas una fuerza que es más propiamente humana, la fuerza de la razón, a la que también podemos llamar fuerza nouménica o fuerza moral. Y como hombres morosofos queremos, rechazamos, sufrimos, nos alegramos, y en definitiva vivimos, en función de las fuerzas bruta y racional, es cierto, pero también de forma determinante influenciados por esa gran fuerza cósmica que es la fuerza del amor, a la que como ya dije también podemos llamar propiamente fuerza del bien. De manera que tenemos un «cuerpo» capaz de ejercer fuerza bruta; una «razón» que nos permite pensar y querer ejercitando así la fuerza de la mera razón; y, en fin, un sentimiento al que llamamos buen «corazón» que nos mueve hacia el bien impulsados por la fuerza del amor: estas son las potencias que utilizamos para intentar dar a cada cual lo suyo.

526.- La organización o régimen (político) del suum.

Vemos que mujeres y hombres se organizan en Comunidades de muy distinto signo, y que disputan constantemente entre ellos por lo tuyo y lo mío (vida, libertad y bienes), y comprobamos que en tales combates emplean todas las armas de que disponen, tanto la fuerza bruta, como la de la razón, como incluso la del amor. Con frecuencia las tres van entremezcladas, incluso justificándose unas a otras. Pero eso no impide que, fijándonos más detenidamente, podamos diferenciar las distintas formas de organizar las Comunidades humanas en función de la fuerza que se utiliza.

José Ramón Recuero

Saltar de la Olla

La batalla cultural e ideológica en la que se ve inmersa la cosmovisión cristiana de la persona es un hecho cada vez más evidente. Las corrientes relativistas, nihilistas, materialistas y, en especial hoy en día, la ideología de género, han creado un caldo de cultivo en el que el ciudadano medio no nota como el agua de la olla va tomando temperatura. Nos vemos acomodados a una inercia de la que es difícil salir, teniendo la sensación que, como la rana de la moraleja, nos veremos escaldados por no haber saltado a tiempo.

Sin embargo, en muchos entornos sobre esta situación se reflexiona, se discute y, en muchos casos, se proponen ideas y alternativas a esas corrientes. Se quiere dar la batalla. Vemos con alegría muchos ya levantados del sofá. Está en juego la intrínseca dignidad de la persona, aquella que los principios del humanismo cristiano defienden y pretenden desarrollar.

Se dice que el primer paso de la solución de un problema es conocer que existe una piedra en el camino. La tenemos identificada. Sigamos proponiendo otra cosmovisión, para transmitir a todos y cada uno que esas corrientes aparentemente amables son corrosivas a: la persona, la vida, la verdad y a la postre a la libertad. No solo hay que llegar con la idea, hay que llegar bien, hay que llegar lejos. Hay que llegar a todos.

«Los contenidos a transmitir están ahí, en el rico, profundo y extenso contenido del humanismo cristiano.»

Los contenidos a transmitir están ahí, en el rico, profundo y extenso contenido del humanismo cristiano. ¿Qué falta? Divulgarlo, quitarse los complejos, simplificar los mensajes para que lleguen a toda la sociedad. Porque todos tienen que tomar decisiones en la vida en la que una adecuada iluminación, una propuesta alternativa al pensamiento dominante, es imprescindible. No se puede pedir a las personas concretas determinadas posturas vitales y morales si nunca han conocido de su existencia.

Las herramientas, los contenidos a transmitir, están ya, y se pueden poner a trabajar con aun mayor entusiasmo y eficacia. Manos a la obra.

Reproducimos por su interés el Editorial publicado por el Instituto de Estudios de la Democracia CEU (febrero, 2022)

https://institutodemocracia.ceu.es/blog/saltar-de-la-olla/

Antropoteísmo

33.- Propagación y actualidad del antropoteísmo.

Actualmente el materialismo antropoteísta que endiosa al hombre, es la creencia generalmente aceptada en grandes regiones del mundo. Filósofos de distinto signo (vitalistas, existencialistas, socialistas científicos, irracionalistas y otros) coincidieron en negar a Dios y afirmar al Hombre de carne y hueso. Y tras las convulsiones europeas de mil ochocientos cuarenta y ocho, y con las revoluciones ruso-soviética y china, este edificio de la verdad fue establecido en muchos lugares, se desarrolló, y en él se inspiran hoy día muchas legislaciones democráticas que son tenidas por las más avanzadas del mundo.

Actualmente el materialismo antropoteísta que endiosa al hombre, es la creencia generalmente aceptada en grandes regiones del mundo.

34.- El αρχή de los materialistas inmanentes es el Cuerpo humano.

«Homo homini deus est, el hombre es dios para el hombre, he ahí el viraje de la historia del mundo. El hombre es dios, queda divinizado». Estas palabras de Feuerbach en La esencia del cristianismo expresan con toda claridad cuál es el ser supremo en el antropoteísmo: Yo, en cuanto hombre de carne y hueso, mi esencia. Materialismo contemplativo que fue hecho dialéctico por Marx, quien concluyó en La sagrada familia y en sus escritos sobre Hegel que, en efecto, la suprema divinidad es el hombre, pero el hombre vivo, actuando en sus relaciones sociales. Tesis en cierto modo compartida por los existencialistas, para quienes la existencia precede a la esencia, y por tanto el hombre es libertad, todo está permitido. Nietzsche, en fin, transformó en absoluto el materialismo dialéctico, proclamó la muerte de Dios en cuanto Espíritu transcendente, y en Así habló Zaratustra puso en su lugar al nuevo dios: el Superhombre. El nuevo ἀρχή es así el Hombre, un animal sentimental que nace, vive y muere; que tiene derecho a contradecirse y a ser ilógico, absurdo; un animal, en definitiva, que no se guía por su razón sino por su instinto y sus sentidos.

«Homo homini deus est, el hombre es dios para el hombre, he ahí el viraje de la historia del mundo. El hombre es dios, queda divinizado».

35.- Con lo que vuelve a negarse la metafísica y, por tanto, el alma y Dios.

Al poner el sentir sensible antes que el existir, la metafísica sucumbe. En el edificio de la verdad basado en las experiencias sensibles no hay sitio para lo que no se siente corporalmente. Por eso se niega el alma y se niega Dios.

Por eso se niega el alma y se niega Dios.

36.- Y el hombre ya no sabe lo que es, sólo actúa.

Lo trágico del materialismo inmanente es que no hay dioses donde acudir en socorro del Cuerpo, como los había en la antigüedad. El Cuerpo se queda solipsista, solo consigo mismo, convertido en una especie de cárcel temporal, al modo platónico pero sin ideas, absurda. Irracionalismo ametafísico que lleva a muchas personas inteligentes a la angustia, al absurdo y al nihilismo. Como dijo Scheler, hoy el hombre no sabe lo que es, aunque al menos sabe que no lo sabe. Y como ya no cree en verdades objetivas se deja guiar por sus intuiciones sensibles: el moderno hombre antropoteísta asegura, volviendo al sofista Gorgias, que la verdad no existe, y se limita simplemente a actuar.

José Ramón Recuero