Desde la dignidad de la persona hasta el Bien Común

El punto de partida del Humanismo Cristiano es la visión antropológica de la persona cómo única desde su concepción hasta su muerte. Cada uno es único y todos son únicos. Esto confiere a cada persona una dignidad completa.

Desde esa dignidad la persona desarrolla su vida y junto con otros, formando comunidad, formando sociedad, camina en su desarrollo.

La meta de ese caminar es el Bien Común.

Desde la dignidad personal hasta el Bien Común se encuentra el contenido del Humanismo Cristiano.

Una ventana a la Justicia

La Justicia es un principio que guía al humanismo cristiano con el fin de que cada persona pueda ser tratada con la dignidad que le corresponde. Todos deben sentirse como miembros de la comunidad social en la que vivimos y como tales respetados en sus derechos fundamentales. La Justicia, no es tratar a todos de la misma manera, ya que todos somos diferentes. Es dar a cada uno lo que le corresponde buscando el desarrollo de cada persona.

La Justicia en la vida se desarrolla en varios aspectos. Por una parte, la búsqueda de que, como personas, nadie se quede atrás y todos puedan desarrollar sus vidas en todos sus ámbitos. Por otro, que la sociedad tenga estructuras justas: una sociedad sustentada en la Verdad imprescindible sin la cual la Justicia es una quimera; unos órganos y procedimientos de administración de Justicia que funcionen y en las que las legítimas pretensiones vulneradas puedan verse resarcidas; un Estado que actúe con procedimientos sencillos, transparentes, buscando no favorecer intereses particulares; un Estado que favorezca el desarrollo de las personas sin invadir sus ámbitos ni acaparar actividades que le son ajenas.

Una ventana a la Libertad

La Libertad como principio del humanismo cristiano parte de la intrínseca libertad de cada ser humano. Cada persona es libre y por tanto es responsable de sus actos. Para ser completamente libre debemos de obrar en conciencia y para ello es imprescindible el haber formado esa conciencia de forma recta. Solo así se puede obrar en consecuencia y ser completamente libre.

La Libertad supone que esté apoyada en la Verdad, y eso supone un conocimiento de los aspectos sobre los que se deben tomar las decisiones. La posibilidad de acceder a información y conocimiento veraz. Esa Verdad determina la Justicia, que busca la equidad partiendo de la Verdad. Sobre ese elemento de Justicia podemos obrar con Libertad.

La Libertad en la vida social se manifiesta en que el ser humano pueda ejercer los diferentes aspectos de su vida: familiar, social, laboral, económica, política,… Algo que se ve vulnerado de forma continua. Supone un Estado no totalitario en que las personas participen en las decisiones. Una sociedad respetuosa con la Libertad requiere que no se manipule a las personas condicionando e imponiendo la forma “correcta” de pensar.

Una ventana a la Verdad

La Verdad como principio del humanismo cristiano supone una cosmovisión que considera la existencia de absolutos. La existencia del blanco y del negro, de que no todo cae en el espectro de los grises.

Un afirmación tan simple tiene una trascendencia fundamental en todos los aspectos de la vida. No todo se puede relativizar, no todo es aceptable, no todo depende de otros factores. Existen verdades que no están sujetas a revisión. La dignidad de la persona y todo lo que lleva consigo no están sujetos a la diferente opinión y moda del momento.

En el ámbito político la Verdad se debe manifestar en dos aspectos. En primer lugar, no aceptar como negociable lo que falsifica la verdad. Por otro, un deber de trasparencia y de honradez de todo aquel que siguiendo al humanismo cristiano se dedica a la vida política.