Un discurso de alto contenido de los temas relacionados con el Humanismo Cristiano.
Invita a la reflexión y al estudio profundo por parte de la sociedad civil, la academia y la política.

“..una fuerza cultural y temporal de inspiración cristiana, capaz de actuar sobre la historia y de ayudar a los hombres.” J.Maritain
Respuestas breves a inmensas cuestiones. Política
La democracia es la forma de gobierno más conforme con el Derecho Natural. Pero la democracia auténtica. Aristóteles diferenció entre una democracia buena y real, que es aquella que tiene como fin la justicia natural y el bien común, y otra democracia tiránica mala, en la que el poder busca su propio interés y actúa como un tirano.
La Cristiandad proclamó la libertad e igualdad de todos los hombres, y así promovió la auténtica democracia. En nuestra tradición la idea central era esta: omnis potestas est a Deo per Populum, toda potestad procede de Dios a través del Pueblo. Lo que significa que el fundamento último del poder es Dios, no un hombre o varios, aunque sean mayoría, pues en este caso estos serían superiores a los demás y la libertad e igualdad naturales de todos desaparecerían. Dios ha depositado el poder, dice Francisco de Vitoria, en todos y cada uno de los hombres de la Comunidad, por eso para los sabios de Salamanca la soberanía reside realmente en el pueblo. El cual puede administrarse a sí mismo, y esta es la forma más natural de gobierno: la democracia, Francisco Suárez lo explicó en extenso cuando se opuso a las pretensiones absolutistas del rey inglés. En esta concepción democrática del poder los gobernantes son hechos por el pueblo, como servidores suyos que deben desempeñar su cargo sometidos al Derecho Natural y al bien común.
«…los gobernantes son hechos por el pueblo, como servidores suyos que deben desempeñar su cargo sometidos al Derecho Natural y al bien común»
De manera que su poder siempre es limitado y quien abusa de él se convierte en un tirano contra el que cabe oponerse, en esto Mariana es un maestro. Sobre estas bases Tocqueville afirmó que la religión cristiana promueve la democracia; Bergson dijo que esta es de esencia evangélica; Maritain recogió en su libro Cristianismo y democracia las siguientes palabras, que el Vicepresidente de los Estados Unidos Wallace pronunció en 1942: «la idea de la libertad deriva de la Biblia y de su insistencia en afirmar la dignidad de la persona, la democracia es la única expresión política verdadera del cristianismo»; y, en fin, Chesterton afirmó que la maquinaria del voto es profundamente cristiana, pues es un intento de averiguar la opinión de aquellos que están marginados o son demasiado modestos para darla.
Lamentablemente hoy las cosas no son así. La democracia se ha hecho tiránica, oligárquica. El fundamento del poder es el propio hombre y los que mandan carecen de límites transcendentes, por eso el Derecho ha dejado de ser arte de lo bueno y de lo justo y se ha convertido en arte de coaccionar, Kelsen es un maestro en este arte. El Estado Democrático se ha erigido en un Estado-dios como lo concibieron Hobbes y Rousseau, a él hemos entregado todo y él es el que crea, limita o suprime nuestros derechos. Si bien de hecho esto lo hacen quienes lo manejan: los partidos políticos y sus dirigentes. Los partidos se han convertido en facciones que, tras unas elecciones que son como las saturnales romanas (en las que los señores jugaban a servir a sus siervos), utilizan los votos como si fuesen de su propiedad. Y así el partido o la coalición de partidos que resulta dominante tras las intrigas, cesiones y trapicheos post-electorales ocupa todos los centros de poder, todos. Se convierte en el soberano absoluto en cuyos despachos, y no en el Parlamento, se toman las decisiones, en el amo que utiliza a discreción una voluntad popular que en realidad se identifica con la voluntad de sus dirigentes, para imponernos a todos su visión parcial de la vida. Franklin dijo que en este mundo sólo hay dos cosas seguras: la muerte y pagar impuestos. Yo creo que hay una tercera: la tiranía cuando se idolatra al poder.
¿Cuál es la visión de la vida que nos quieren imponer ahora? Es simple: antropocentrismo, un mundo sin Dios ni Derecho Natural en el que el hombre de carne y hueso es el ombligo del mundo, el nuevo dios. En realidad es una bestia que se cree dios, pues no tiene alma, ni perspectiva de más allá, no hay un salto cualitativo respecto a los demás animales. Eso explica que ahora la vida humana no tenga más valor que la de una ostra, como dijo Hume, y que haya una conjuración contra ella que está lacerando el mundo. La madre puede matar a su hijo mientras se desarrolla en su seno mediante el aborto, y si no es posible hacerlo en clínicas que se dedican a este negocio el Estado se encarga de eliminar al pobre inocente, como si fuera una prestación sanitaria más. Y a pesar de que las leyes garantizan el derecho a la vida, no a al muerte, a pesar de que el fin de la medicina es curar, no matar, enfermos, débiles y ancianos pueden ser eliminados con la mal llamada eutanasia, también usando el sistema sanitario, así el Estado consigue aquello que Petronio puso en su epitafio: valete curae, que quiere decir «se acabaron los cuidados». Nuestra libertad natural también sufre los estragos. Es lo más preciado que tenemos después de la vida, pero el Estado Paternalista ha propagado la idea de que la libertad civil es la obediencia a la ley positiva. Rousseau dijo que quien se niegue obedecer al Estado será obligado a ello, y eso no significa otra cosa sino que se le obligará a ser libre. Se comprende que esta idea de la libertad no nos permite pensar y opinar por nosotros mismos, hemos nacido libres pero por todas partes estamos encadenados. En fin, las leyes que el Estado dispara sin cesar limitan también, cada vez más, nuestro espacio vital dominado y nuestros bienes. Siempre tenemos que pagarle un alto porcentaje, como en la Cofradía de Monipodio, es como aquel general ateniense que se llamaba Timoteo, del cual se decía: «incluso durmiendo su red recoge para él».
José Ramón Recuero
Tenemos unos derechos naturales que son previos al poder, no concedidos por él, ya que se basan en la Ley Natural, como son el derecho a la vida, el derecho a la libertad y el derecho a nuestros bienes. Esta idea la desarrollaron admirablemente los sabios de la Escuela de Salamanca, de los que mucho tenemos que aprender, y la han asumido quienes han sufrido las consecuencias de entregar todo al Estado. Como, por ejemplo, los alemanes después de Hitler, cuando en 1949 aprobaron una Ley Fundamental que dice basarse en «los inviolables e inalienables derechos del hombre».
El derecho a la vida es una constante en los Convenios Internacionales, las Constituciones y los pronunciamientos de los Tribunales Constituciones. Y si acudimos a la lógica y a la biología este derecho tiene que referirse a la vida humana en todas su fases, desde su concepción hasta su muerte. Pues la cosa es clara: nuestra primera célula, el cigoto, no es un mineral ni un vegetal, es un ser humano en estado embrionario, con sus 46 cromosomas propios, que tiene identidad individual distinta de la de sus padres y obra y se desarrolla por sí mismo, como lo prueba la fecundación in vitro. También mostraron Vitoria y los demás profesores de Salamanca que el hombre es libre por naturaleza, y a nadie está sujeto sino solamente a su Criador. Esta es la libertad del cristiano que, como dijo Suárez, no le exime de leyes humanas justas pero excluye el temor servil a leyes injustas. Con palabras de Cervantes, Dios y la naturaleza nos han hecho libres, es libre nuestro albedrío y no hay yerba, encanto o poder que pueda forzarlo.
«es libre nuestro albedrío y no hay yerba, encanto o poder que pueda forzarlo»
Cervantes
También es natural nuestro derecho a los bienes necesarios, que el Estado está obligado a respetar no despojándonos de ellos, esto lo desarrollaron muy bien Roa Dávila y Luis de León.
José Ramón Recuero
Gracias al Derecho Natural la persona está sobre el Estado, no al revés. Para los que creemos en Dios y la Ley Natural el individuo está sobre el Estado, no le entrega todo lo suyo sino que tiene bienes y valores que no son por el Estado, ni para el Estado, que están fuera del Estado, como lo están las verdades matemáticas. Esto lo expresó muy bien Tomás de Aquino en su Suma, en la que dijo textualmente que «el hombre no se ordena respecto a la Comunidad Política según todo él y según todas su cosas».
«…el individuo está sobre el Estado»
¡Qué diferente es nuestra situación cuando prescindimos de Dios y de la Ley Natural! En una línea diametralmente opuesta, Hobbes estableció como clausula del pacto para crear el Leviatán nada menos que lo siguiente: «autorizo y transfiero al Estado mi derecho de gobernarme a mí mismo»; y el contrato social de Rousseau reza literalmente así: «cada uno de nosotros pone en común sus bienes, su persona, su vida y toda su potencia bajo la suprema dirección de la voluntad general». ¡Se entrega todo!, el Estado queda convertido en un amo al que el individuo se subordina totalmente, tanto en lo espiritual como en lo temporal.
el Estado queda convertido en un amo al que el individuo se subordina totalmente, tanto en lo espiritual como en lo temporal.
Es lo que hoy sufrimos, una faena pavorosa a la que Ortega llamó politicismo integral: prohibido todo aparte, nada de tener opiniones propias, nada de discrepar, estamos encerrados en la cárcel del pensamiento único y el Estado nos ordena lo que debemos hacer, decir, y en ocasiones hasta pensar. Así nuestros derechos ya no son naturales, desde la revolución francesa son los concedidos por el poder, que puede limitarlos e incluso suprimirlos.
José Ramón Recuero
Los elementos sociales
522.- Factores de una Comunidad.
Analicemos en primer lugar los elementos o factores que intervienen en la convivencia humana, descomponiendo y diferenciando unos de otros. Los básicos son cuatro: las personas, el suum, las fuerzas y el régimen u organización.
523.- Las personas.
Vemos en primer término mujeres y hombres que son, que somos, una mezcla de racionalidad y de absurdo, de prudencia y de necedad (como sabemos por la Ontología), cada uno con sus creencias, sus ideas morales, su conciencia y sus pasiones. Cada cual es para sí mismo «Yo» y los demás semejantes son para él «Tú», de manera que quienes conviven en un lugar y en un tiempo determinados forman una Comunidad, del tipo que sea, pues observamos que hay muchas y muy diferentes entre sí.
524.- El «suum»: vida, libertad y bienes.
Divisamos igualmente que también hay cosas o realidades diferentes de las personas, y que sintetizando son la vida de cada hombre, su libertad (en el sentido moral) y sus demás bienes, incorporales o corporales. Vida, libertad y bienes son el «suum» de cada cual, lo suyo, algo que siempre ha existido y existe con independencia de su forma de atribución, y que provoca en los hombres dos palabras mágicas que oímos constantemente: mío y tuyo. Es posible, y aún probable, que los que vivían en los Campos Elíseos, en aquellos siglos dichosos a quienes los antiguos pusieron el nombre de dorados o en la morosofica Utopía, ignorasen estas dos palabras: tuyo y mío. Pero aquí, en la tierra, los hombres de carne y hueso utilizan esas dos palabras, lo mío y lo tuyo, como moneda corriente para expresar que cada persona tiene (o quiere tener) lo suyo, es decir, su vida y su libertad (que es lo suyo interno o inmanente) y también sus otros bienes (lo suyo transcendente o exterior). Esto es lo que, sustantivizando el término latino, llamo «suum»,«lo suyo», lo de cada cual.
525.- Las fuerzas: fuerza física, fuerza de la razón y fuerza del amor.
¿Cómo dar a cada uno lo suyo? Para intentar contestar a esta pregunta tenemos que acudir al tercer elemento social que apunté: las fuerzas que mueven a las personas, relacionándolas entre sí y con los bienes. Como ya sabemos el Mundo que contemplamos no es estático, es dinámico. En sentido impropio puede decirse que está vivo, ya que es energía relativa en continua acción y reacción, de manera que las personas están viviendo (yo existo sintiendo y pensando), en gerundio, lo que significa que tienen la cualidad de ser movidos y de mover (en sentido aristotélico, no en el meramente local), de ser causados y de ser causa. Usando la que desde Newton es la noción básica de la mecánica, las personas utilizan fuerza. Como animales absurdos que son en sus relaciones mutuas usan fuerza bruta, que es la fuerza material o física. Como seres que además poseen una razón, que no es dios, pero que es, utilizan también en sus relaciones mutuas una fuerza que es más propiamente humana, la fuerza de la razón, a la que también podemos llamar fuerza nouménica o fuerza moral. Y como hombres morosofos queremos, rechazamos, sufrimos, nos alegramos, y en definitiva vivimos, en función de las fuerzas bruta y racional, es cierto, pero también de forma determinante influenciados por esa gran fuerza cósmica que es la fuerza del amor, a la que como ya dije también podemos llamar propiamente fuerza del bien. De manera que tenemos un «cuerpo» capaz de ejercer fuerza bruta; una «razón» que nos permite pensar y querer ejercitando así la fuerza de la mera razón; y, en fin, un sentimiento al que llamamos buen «corazón» que nos mueve hacia el bien impulsados por la fuerza del amor: estas son las potencias que utilizamos para intentar dar a cada cual lo suyo.
526.- La organización o régimen (político) del suum.
Vemos que mujeres y hombres se organizan en Comunidades de muy distinto signo, y que disputan constantemente entre ellos por lo tuyo y lo mío (vida, libertad y bienes), y comprobamos que en tales combates emplean todas las armas de que disponen, tanto la fuerza bruta, como la de la razón, como incluso la del amor. Con frecuencia las tres van entremezcladas, incluso justificándose unas a otras. Pero eso no impide que, fijándonos más detenidamente, podamos diferenciar las distintas formas de organizar las Comunidades humanas en función de la fuerza que se utiliza.
518.- Por tanto, la cuestión es en determinar cómo organizar bien una auténtica Comunidad Política que se diferencie de una Cuadrilla de Bandidos.
Debemos intentar averiguar de qué manera hay que organizar en justicia lo tuyo y lo mío, que es lo más difícil y complicado del mundo. Lo que me lleva a hacerme las siguientes preguntas: ¿por qué un hombre debe obedecer a otro?, ¿por qué muchos deben obedecer a esos pocos que monopolizan la coacción que llaman legal?, en definitiva, ¿por qué obedecemos a quienes nos mandan? ¿Simplemente porque tienen el poder, la fuerza física superior, y así convierten sus órdenes en leyes? En ese caso, ¿puede existir un monipodio legal?
519.- El buen edificio político.
No quiero ni puedo ocultar mis aspiraciones: aspiro a una Política basada en la decencia, con varios poderes que se limitan entre sí y con democracia auténtica, respetuosa con nuestros derechos naturales, que son previos al poder, y justa, que ampare nuestras vidas, libertades y bienes.
511.- No obstante el actual nihilismo postmoderno ha hecho Comunidades Políticas en las que cada cual hace lo que quiere, y en las que los Estados también hacen lo que quieren.
Esta es la actual dialéctica de la libertad: cada uno hace lo que desea, sin normas, y el Poder también. De esta forma ata a sus ciudadanos con grandes cadenas, más fuertes que las que Platón pudo imaginar, a modo de una bestia artificial que todo lo ve y todo lo controla. Continuamente se habla de libertad, mientras que de hecho cada vez carecemos más de ella. Hemos creado un sistema político en el que cada persona es una insignificante parte de un Cuerpo Político cuya Voluntad General todo lo puede, puede mandar cualquier cosa, sin límites.
512.- De esta forma el Poder es ahora la única fuente de la Moral y del Derecho.
Los hombres que de hecho lo ejercen tienen en su mano las dos espadas: la de la ética y la de la ley, la del alma y la del cuerpo. Con lo que quienes mandan nos atan hasta el alma, imponen a todos mediante la fuerza de sus leyes sus ideas, las ideas morales que se les antoja.
513.- La Política ha absorbido todo lo nuestro.
Escribe Ortega en La rebelión de las masas que «el politicismo integral, la absorción de todas las cosas y de todo el hombre por la política», es una de las técnicas que se han usado para socializar al hombre y vaciarlo de soledad e intimidad, causándole «hemiplejia moral». Así es, la Política ha absorbido todo lo nuestro, y ha provocado que el hombre haya perdido la capacidad de pensar por sí mismo y de tener una religión y una moral propias.
514.- Y ha atraído a ella gentes poco instruidas.
Políticos juiciosos, preparados, templados, ecuánimes, con visión de futuro, es lo que hoy día más necesitamos, y acaso de lo que más carecemos. Actualmente la Política es un golfo de confusiones en el que con más frecuencia de la desead se engolfan gentes poco instruidas deseosas de ganar pronto mucho dinero, algunos entran en ella buscando el lucro y la ganancia, como los que estaban en torno a Estratocles y Dromóclides, que se exhortaban unos a otros para la «cosecha del oro», tal como en broma llamaban a la Política (Plutarco, Consejos Políticos 798f).
515.- A lo que hay que añadir que la oligarquía que manda en los partidos políticos ha ocupado el Estado.
Todo él. Se ha adueñado de la voluntad popular, del bien común, de las instituciones, de todo. Los teóricos representantes del pueblo están sometidos a su mandato imperativo. Y los ciudadanos nos hemos convertido en meros espectadores, sospechosos de no cumplir sus leyes además.
516.- Y que se practica a discreción el arte de la mentira política.
Hay una máxima de Tiberio, seguida por Luis XI de Francia, que sigue estando de gran actualidad: para mandar hay que disimular. Ya dijo Platón que «parece que los gobernantes deben hacer uso de la mentira y el engaño en buena cantidad para beneficio de los gobernados» (República III, 389b y V, 459d), y esa demagogia sigue practicándose hoy en día. La mentira política se ha convertido en un arte, en una sutil técnica que se calcula, se sopesa, se destila y se dosifica a conveniencia, muy bien nos lo explicó hace ya tiempo Swift en un libro que tituló precisamente así: El arte de la mentira política. Más aun, la mentira de hoy es electrónica, instantánea, global, postmoderna y democrática, incluso se ha democratizado, pues ahora coexiste, tolerante, con las mentiras de la competencia.
517.- Todo lo cual hace necesario regenerar la política desde sus fundamentos.
Es necesario hoy más que nunca sentar las bases de una auténtica Comunidad de Derecho compuesta por ciudadanos libres e iguales, diferenciándola de otro tipo de organizaciones sociales. Y para eso hay que ir a los fundamentos, como siempre intento hacer, comenzando por plantear si hay alguna diferencia entre una cuadrilla de ladrones y un Estado, tal como se preguntó Trasímaco en el diálogo de Platón titulado República.
507.- Política es el arte de gobernar una comunidad de ciudadanos.
Los hombres vivimos en Comunidad, ya señaló Aristóteles con su habitual sutileza que el hombre es por naturaleza un animal social, y que el insocial por naturaleza y no por azar es o una bestia o un dios, como aquel a quien Homero vitupera «sin patria, sin ley, sin hogar» (Política, 1253a; Ilíada, IX, 63). Vivimos juntos, convivimos, cada uno con sus creencias, sus pasiones, sus juicios morales acerca de bien y de mal, y con libertad en lo más íntimo de su ser. «Yo» encuentra a «Tu», convive con otras personas, y constata que hay también bienes que son diferentes a las personas, cosas a las que genéricamente podemos llamar suum (del que enseguida hablaré). Lo cual supone que para poder convivir y determinar el suum de cada cual (lo suyo) Yo y Tú necesitan organizarse políticamente, con lo que, en definitiva, cada uno está limitando de hecho la libertad de los demás que cohabitan con él. Esta es la cuestión a que se refiere la Política: el «deber ser de yo con otros o en comunidad», por eso es el arte de gobernar una Comunidad de ciudadanos.
508.- El fin de la Política.
Esta es la meta de la Política: discernir qué es justo y qué es injusto en Comunidad para librarnos de esos dos merodeadores que son la guerra y la tiranía, que con tanta frecuencia nos amenazan y afligen, permitiendo una convivencia justa, pacífica, libre y civilizada en la que cada uno tenga lo que en justicia es suyo.
509.- Los fundamentos de la Política son éticos y ontológicos.
Sin acudir a ellos los problemas políticos son laberintos sin salida. De manera que estos principios políticos se van a fundamentar en los principios ontológicos y morales antes desarrollados.
510.- Se trata de un arte difícil, pero sublime.
Kant nos dijo que el mayor y más difícil problema para la especie humana es instaurar una Comunidad cuya constitución política permita que la libertad de cada uno pueda coexistir con la de los demás (Ideas para una historia universal, 5º y 6º principios). Pero, por otra parte, este difícil arte es sublime, ya que si procurar el bien de una persona es deseable, conseguirlo para toda una Comunidad es noble y hermoso. Un buen sistema político es lo mejor que podemos dejar a las generaciones futuras.
La objeción de conciencia.
A veces, con más frecuencia de la deseable, las leyes positivas establecen mandatos que para nuestra conciencia son injustos o inmorales. ¿Qué hacer entonces? Si la conciencia individual y la ley positiva entran en conflicto chocan dos principios: el de legalidad o imperio de la ley, que nos obliga a cumplir las leyes positivas, y el de libertadindividual, valor superior del ordenamiento jurídico. ¿Qué hacer? Está claro que con carácter general hay obligación de cumplir la ley, pues caso contrario no habría convivencia civilizada posible. Pero esto en absoluto impide que pueda reconocerse un ámbito garantizado de libertad de conciencia protegido por las leyes, como señaló en su voto particular a la Sentencia del Tribunal Supremo de 11 de febrero de 2009 el magistrado Campos. Uno de los mecanismos legales que protegen ese ámbito de libertad es la objeción de conciencia rectamente ejercitada. Se trata de un mecanismo legal, no moral, basado en el principio in dubio pro libertate, que permite conciliar el fuero de la conciencia personal con el fuero social o colectivo. Siempre naturalmente que la objeción no pretenda sólo eludir la ley u obtener una ventaja, sino que sea seria y juiciosa.
El buen edificio político.
… (hay que aspirar) a una Política basada en la decencia, con varios poderes que se limitan entre sí y con democracia auténtica, respetuosa con nuestros derechos naturales, que son previos al poder, y justa, que ampare nuestras vidas, libertades y bienes.