La Libertad como principio del humanismo cristiano parte de la intrínseca libertad de cada ser humano. Cada persona es libre y por tanto es responsable de sus actos. Para ser completamente libre debemos de obrar en conciencia y para ello es imprescindible el haber formado esa conciencia de forma recta. Solo así se puede obrar en consecuencia y ser completamente libre.
La Libertad supone que esté apoyada en la Verdad, y eso supone un conocimiento de los aspectos sobre los que se deben tomar las decisiones. La posibilidad de acceder a información y conocimiento veraz. Esa Verdad determina la Justicia, que busca la equidad partiendo de la Verdad. Sobre ese elemento de Justicia podemos obrar con Libertad.
La Libertad en la vida social se manifiesta en que el ser humano pueda ejercer los diferentes aspectos de su vida: familiar, social, laboral, económica, política,… Algo que se ve vulnerado de forma continua. Supone un Estado no totalitario en que las personas participen en las decisiones. Una sociedad respetuosa con la Libertad requiere que no se manipule a las personas condicionando e imponiendo la forma “correcta” de pensar.
