La Verdad como principio del humanismo cristiano supone una cosmovisión que considera la existencia de absolutos. La existencia del blanco y del negro, de que no todo cae en el espectro de los grises.
Un afirmación tan simple tiene una trascendencia fundamental en todos los aspectos de la vida. No todo se puede relativizar, no todo es aceptable, no todo depende de otros factores. Existen verdades que no están sujetas a revisión. La dignidad de la persona y todo lo que lleva consigo no están sujetos a la diferente opinión y moda del momento.
En el ámbito político la Verdad se debe manifestar en dos aspectos. En primer lugar, no aceptar como negociable lo que falsifica la verdad. Por otro, un deber de trasparencia y de honradez de todo aquel que siguiendo al humanismo cristiano se dedica a la vida política.
