La persona está sobre el Estado

Gracias al Derecho Natural la persona está sobre el Estado, no al revés. Para los que creemos en Dios y la Ley Natural el individuo está sobre el Estado, no le entrega todo lo suyo sino que tiene bienes y valores que no son por el Estado, ni para el Estado, que están fuera del Estado, como lo están las verdades matemáticas. Esto lo expresó muy bien Tomás de Aquino en su Suma, en la que dijo textualmente que «el hombre no se ordena respecto a la Comunidad Política según todo él y según todas su cosas».

«…el individuo está sobre el Estado»

¡Qué diferente es nuestra situación cuando prescindimos de Dios y de la Ley Natural! En una línea diametralmente opuesta, Hobbes estableció como clausula del pacto para crear el Leviatán nada menos que lo siguiente: «autorizo y transfiero al Estado mi derecho de gobernarme a mí mismo»; y el contrato social de Rousseau reza literalmente así: «cada uno de nosotros pone en común sus bienes, su persona, su vida y toda su potencia bajo la suprema dirección de la voluntad general». ¡Se entrega todo!, el Estado queda convertido en un amo al que el individuo se subordina totalmente, tanto en lo espiritual como en lo temporal.

el Estado queda convertido en un amo al que el individuo se subordina totalmente, tanto en lo espiritual como en lo temporal.

Es lo que hoy sufrimos, una faena pavorosa a la que Ortega llamó politicismo integral: prohibido todo aparte, nada de tener opiniones propias, nada de discrepar, estamos encerrados en la cárcel del pensamiento único y el Estado nos ordena lo que debemos hacer, decir, y en ocasiones hasta pensar. Así nuestros derechos ya no son naturales, desde la revolución francesa son los concedidos por el poder, que puede limitarlos e incluso suprimirlos.

José Ramón Recuero