El significado de las palabras y el anclaje en la verdad.

León XIV a los miembros del cuerpo diplomático ante la Santa Sede (9 de enero 2026)

La enorme importancia de que las palabras expresen realidades de forma inequívoca

«Hoy en día, el significado de las palabras es cada vez más fluido y los conceptos que representan son cada vez más ambiguos. El lenguaje ya no es el medio preferido por los seres humanos para conocerse y relacionarse entre sí. Además, en las contorsiones de la ambigüedad semántica, el lenguaje se está convirtiendo cada vez más en un arma con la cual engañar, o golpear y ofender a los oponentes. Las palabras deben volver a expresar ciertas realidades de forma inequívoca. Sólo así podrá reanudarse el diálogo auténtico sin malentendidos. Esto debería ocurrir en nuestros hogares y espacios públicos, en la política, en los medios de comunicación y en las redes sociales. Del mismo modo, debería ocurrir en el contexto de las relaciones internacionales y el multilateralismo, para que este último pueda recuperar la fuerza precisa para desempeñar su papel de encuentro y mediación. Esto es realmente necesario para prevenir conflictos y garantizar que nadie se vea tentado a imponerse a los demás mediante la mentalidad de la fuerza, ya sea verbal, física o militar.

También debemos señalar la paradoja de que este debilitamiento del lenguaje se invoca a menudo en nombre de la propia libertad de expresión. Sin embargo, si lo analizamos más detenidamente, ocurre lo contrario, ya que la libertad de expresión está garantizada precisamente por la certeza del lenguaje y el hecho de que cada término está anclado en la verdad. Es doloroso ver cómo, especialmente en Occidente, el espacio para la verdadera libertad de expresión se está reduciendo rápidamente. Al mismo tiempo, se está desarrollando un nuevo lenguaje al estilo orwelliano que, en un intento por ser cada vez más inclusivo, acaba excluyendo a quienes no se ajustan a las ideologías que lo alimentan.«

Una ventana a la Verdad

La Verdad como principio del humanismo cristiano supone una cosmovisión que considera la existencia de absolutos. La existencia del blanco y del negro, de que no todo cae en el espectro de los grises.

Un afirmación tan simple tiene una trascendencia fundamental en todos los aspectos de la vida. No todo se puede relativizar, no todo es aceptable, no todo depende de otros factores. Existen verdades que no están sujetas a revisión. La dignidad de la persona y todo lo que lleva consigo no están sujetos a la diferente opinión y moda del momento.

En el ámbito político la Verdad se debe manifestar en dos aspectos. En primer lugar, no aceptar como negociable lo que falsifica la verdad. Por otro, un deber de trasparencia y de honradez de todo aquel que siguiendo al humanismo cristiano se dedica a la vida política.