Política

507.- Política es el arte de gobernar una comunidad de ciudadanos.

Los hombres vivimos en Comunidad, ya señaló Aristóteles con su habitual sutileza que el hombre es por naturaleza un animal social, y que el insocial por naturaleza y no por azar es o una bestia o un dios, como aquel a quien Homero vitupera «sin patria, sin ley, sin hogar» (Política, 1253a; Ilíada, IX, 63). Vivimos juntos, convivimos, cada uno con sus creencias, sus pasiones, sus juicios morales acerca de bien y de mal, y con libertad en lo más íntimo de su ser. «Yo» encuentra a «Tu», convive con otras personas, y constata que hay también bienes que son diferentes a las personas, cosas a las que genéricamente podemos llamar suum (del que enseguida hablaré). Lo cual supone que para poder convivir y determinar el suum de cada cual (lo suyo) Yo y Tú necesitan organizarse políticamente, con lo que, en definitiva, cada uno está limitando de hecho la libertad de los demás que cohabitan con él. Esta es la cuestión a que se refiere la Política: el «deber ser de yo con otros o en comunidad», por eso es el arte de gobernar una Comunidad de ciudadanos.

508.- El fin de la Política.

Esta es la meta de la Política: discernir qué es justo y qué es injusto en Comunidad para librarnos de esos dos merodeadores que son la guerra y la tiranía, que con tanta frecuencia nos amenazan y afligen, permitiendo una convivencia justa, pacífica, libre y civilizada en la que cada uno tenga lo que en justicia es suyo.

509.- Los fundamentos de la Política son éticos y ontológicos.

Sin acudir a ellos los problemas políticos son laberintos sin salida. De manera que estos principios políticos se van a fundamentar en los principios ontológicos y morales antes desarrollados.

510.- Se trata de un arte difícil, pero sublime.

Kant nos dijo que el mayor y más difícil problema para la especie humana es instaurar una Comunidad cuya constitución política permita que la libertad de cada uno pueda coexistir con la de los demás (Ideas para una historia universal, 5º y 6º principios). Pero, por otra parte, este difícil arte es sublime, ya que si procurar el bien de una persona es deseable, conseguirlo para toda una Comunidad es noble y hermoso. Un buen sistema político es lo mejor que podemos dejar a las generaciones futuras.

José Ramón Recuero

LA NAVIDAD, ESE MISTERIO QUE PUSO FIN A LOS SACRIFICIOS A LOS DIOSES

Desde los tiempos extremadamente remotos de la existencia del ser humano sobre la Tierra; desde los albores casi de la humanidad, todas las culturas y civilizaciones, han adorado, temido y suplicado a dioses a los que entregaban sacrificios de animales o humanos, bien para aplacar sus iras, bien para la consecución o logro de sus plegarias. 

La sangre de los corderos, de los terneros, de los niños, de muchos seres humanos, se han derramado, resbalando por las piedras marmóreas desde el ara principal de los improvisados altares, desde los foros principales de los antiguos y majestuosos templos, desde los Fenicios a los Tartesos, los Persas a los Asirios, de Babilonia a Egipto…, incas, mayas o tchaltecas…

Sin embargo, surge un momento de la historia del Universo, en que un Dios, decide empequeñecerse inimaginablemente, y se implanta como embrión humano en el seno de una virgen-niña, de una modesta joven galilea que en una noche de invierno, alumbra a un hombre que vivirá 33 años haciendo el bien, proclamando bienaventuranzas, amando a los pobres, curando a los ciegos, besando a leprosos, dando ternura a los desvalidos, a los marginados, y misericordia a los desacarriados. 

Se entregará Él, Dios mismo, revestido de hombre, con su forma y sus limitaciones, como sacrificio humano ante el altar del mundo, ante la sinrazón, la injusticia, la incomprensión, el reproche, la crueldad y la tortura de los hombres. 

Es entregado a la mezquindad, a la humillación, al maltrato. Se flagela su cuerpo, se lacera su rostro, a su cabeza se incrustan  afiladas espinas. Se le asciende al lugar de su muerte, cargado con pesados maderos, mientras resbala entre su sudor y su sangre. Unos afilados clavos de hierro atraviesan a golpes los huesos de sus pies y de sus manos, que se quiebran… Y se le alza, en lo alto, en la cumbre, desde donde cuelga su maltrecho cuerpo, chorreando sangre, temblando de dolor y derramando lágrimas. 

El Dios creador del Cosmos, de lo Infinito, del Universo, es hoy Él entregado como sacrificio humano, caído, abatido, humillado, pleno de dolor, cubierto de pena…

Ahora ya no es un animal o un niño entregado a un dios falso de piedra o de madera. 

Ahora es el Dios mismo entregado y llevado al dolor y a la muerte, por su propia criatura.

La tarde oscura, se llevó su vida. 

Ya se consumó el Sacrificio del Dios Eterno, por Amor a los hombres, a sus criaturas. Después vino la Luz, y de donde enraizó la muerte, brotó la Vida para siempre, nació la Esperanza.

Y todo ello no nació ni en los dorados templos, ni en opulentos palacios, ni en altares de mármoles ni brillos. 

Fue sobre la sobria pobreza de un montón de paja, y en la temblorosa fragilidad de un niño. Ese es el signo de lo verdadero.

Almendralejo (España), 25 de Diciembre de 2021

Francisco La Moneda

La objeción de conciencia.

La objeción de conciencia.

A veces, con más frecuencia de la deseable, las leyes positivas establecen mandatos que para nuestra conciencia son injustos o inmorales. ¿Qué hacer entonces? Si la conciencia individual y la ley positiva entran en conflicto chocan dos principios: el de legalidad o imperio de la ley, que nos obliga a cumplir las leyes positivas, y el de libertadindividual, valor superior del ordenamiento jurídico. ¿Qué hacer? Está claro que con carácter general hay obligación de cumplir la ley, pues caso contrario no habría convivencia civilizada posible. Pero esto en absoluto impide que pueda reconocerse un ámbito garantizado de libertad de conciencia protegido por las leyes, como señaló en su voto particular a la Sentencia del Tribunal Supremo de 11 de febrero de 2009 el magistrado Campos. Uno de los mecanismos legales que protegen ese ámbito de libertad es la objeción de conciencia rectamente ejercitada. Se trata de un mecanismo legal, no moral, basado en el principio in dubio pro libertate, que permite conciliar el fuero de la conciencia personal con el fuero social o colectivo. Siempre naturalmente que la objeción no pretenda sólo eludir la ley u obtener una ventaja, sino que sea seria y juiciosa.

José Ramón Recuero. Cuestión 735

La vida racional supone reglas morales.

La vida racional supone reglas morales.

Precisamente porque es libre, y para poder serlo, el hombre (..) asume que hay un mundo moral, humano, de bienes preferibles, de valores humanos, y que por tanto existen reglas morales que puede llegar a conocer autónomamente mediante su razón (..). La racionalidad supone que no todo lo que queremos es bueno ni todo lo que odiamos es malo, y esto precisamente es lo propio de la civilización y del progreso.

La Libertad necesita Ley Moral y la Ley Moral es condición de la Libertad.

La Libertad necesita Ley Moral y la Ley Moral es condición de la Libertad.

Yo tengo al mismo tiempo un querer libre y un deber que cumplir, tenemos reglas morales precisamente para poder ser libres. Libertad y regla moral se necesitan mutuamente, son como dos caras de una misma moneda, una no puede existir sin la otra. Kant lo ha demostrado muy bien: el hombre tiene Libertad, querer, que es la piedra angular de la moral; y tiene también Ley Moral, deber, que sabemos que existe. Y ello no es una inconsecuencia, ni mucho menos, al contrario, ya que la Ley Moral es la condición bajo la cual nosotros podemos adquirir conciencia de la Libertad, saber que existe, eso dice Kant en el prólogo de su Crítica de la razón práctica, y yo estoy de acuerdo. La Libertad, añade, es sin duda la ratio essendi de la Ley Moral, es su condición, pues sin Libertad no podría haber tal Ley Moral; pero la Ley Moral, dice también, es la ratio cognoscendi de la Libertad, aquello que nos permite saber y ser conscientes de que somos libres. Sin Ley Moral no nos sentiríamos libres. También el juicioso Locke lo explica muy bien cuando dice que la Ley no es una limitación sino algo que preserva y aumenta nuestra libertad, y la define como «aquello que señala la dirección de las acciones de un ser libre e inteligente, hacia lo que es de su interés» (Segundo Tratado, 6, 57).

José Ramón Recuero. Cuestión 341

Profundizar desde el humanismo cristiano en: el ser, el deber ser y en la Política.

Editorial Y, Madrid, 2019, 408 pp. 17X24 cm. Papel: ISBN – 978-84-17666-10-1 

RESPUESTAS BREVES A INMENSAS CUESTIONES

Dios, el mundo y yo; mi libertad con ley moral; el poder político, las leyes y la justicia.

RECUERO ASTRAY, José Ramón

En la vida, la primera jugada nos viene dada. Pero en las siguientes, ya actuamos nosotros. Cada uno es hijo de sus obras, podemos usar la jugada de la manera más conveniente para vivir bien. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo vivir bien y, si es posible, al final, morir bien? Estoy convencido de que el libro de la vida lo vamos escribiendo nosotros, que no es juicioso seguir aceptando de forma callada y sumisa el actual relativismo. Por eso, y porque amo profundamente la libertad, la mía y la de todos, y en uso de ella, he puesto por escrito estas recetas filosóficas… Lo que yo deseo no puedo ni quiero ocultarlo: quiero salir de una situación en la que la verdad y el bien son sustituidos por la decisión de una mayoría accidental que se convierte en lo absoluto; quiero devolver al hombre su dignidad haciendo que ninguna instancia humana pueda dominarlo, porque él se encuentra abierto hacia la Verdad misma; quiero que no se me obligue a ser libre imponiéndome por la fuerza una moral nihilista y una ley positiva basada en el relativismo… En una palabra: quiero ser libre, vivir en libertad. También deseo de corazón que estas recetas filosóficas curen tu melancolía, si es que la tienes; que orienten tu pensamiento en este escéptico mundo, si es que lo necesitas; que te ayuden a vivir bien, lo conseguirás si ayudas con tu esfuerzo a las dotes que te dio la naturaleza; que promuevan en nosotros una convivencia libre y civilizada, sin guerras ni tiranías, en paz, libertad y justicia. En fin, espero que las breves respuestas que aquí se contienen contesten a las grandes preguntas que tú, yo y todos nos hacemos. 

José Ramón Recuero Astray, filósofo y escritor, ha ejercido durante 47 años como Abogado del Estado, los últimos 27 de ellos en el Tribunal Supremo de España. Ha escrito y publicado una trilogía de diálogos dedicados a la ontología (La Cuestión de Dios, 2008), a la ética (La Cuestión del Bien y del Mal, 2009) y a la política (La Cuestión Política, 2018), además de otros ensayos y tratados, como los libros La dialéctica de la libertad, La libertad en Rousseau y Kant, En defensa de la vida humana y España y su Futuro: Propuestas para fortalecer la Nación y reformar la Constitución (2018). Forma parte del Instituto de Estudios de la Democracia de la Universidad CEU San Pablo, y es miembro correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación.

Portada: Atenea, la patrona de Atenas, era una de la principales divinidades del Panteón y del Olimpo en la antigua Grecia. Entre otras simboliza la sabiduría, la justicia y la difusión de aquella cultura cuya influencia es decisiva en el pensamiento del mundo occidental. Atenea frecuentemente está acompañada de una lechuza, a su vez símbolo de la sabiduría.

Adquisición en papel y en formato digital en: España, Hispanoamérica, Portugal, Reino Unido y Estados Unidos:

Una ventana a la Justicia

La Justicia es un principio que guía al humanismo cristiano con el fin de que cada persona pueda ser tratada con la dignidad que le corresponde. Todos deben sentirse como miembros de la comunidad social en la que vivimos y como tales respetados en sus derechos fundamentales. La Justicia, no es tratar a todos de la misma manera, ya que todos somos diferentes. Es dar a cada uno lo que le corresponde buscando el desarrollo de cada persona.

La Justicia en la vida se desarrolla en varios aspectos. Por una parte, la búsqueda de que, como personas, nadie se quede atrás y todos puedan desarrollar sus vidas en todos sus ámbitos. Por otro, que la sociedad tenga estructuras justas: una sociedad sustentada en la Verdad imprescindible sin la cual la Justicia es una quimera; unos órganos y procedimientos de administración de Justicia que funcionen y en las que las legítimas pretensiones vulneradas puedan verse resarcidas; un Estado que actúe con procedimientos sencillos, transparentes, buscando no favorecer intereses particulares; un Estado que favorezca el desarrollo de las personas sin invadir sus ámbitos ni acaparar actividades que le son ajenas.

Una ventana a la Libertad

La Libertad como principio del humanismo cristiano parte de la intrínseca libertad de cada ser humano. Cada persona es libre y por tanto es responsable de sus actos. Para ser completamente libre debemos de obrar en conciencia y para ello es imprescindible el haber formado esa conciencia de forma recta. Solo así se puede obrar en consecuencia y ser completamente libre.

La Libertad supone que esté apoyada en la Verdad, y eso supone un conocimiento de los aspectos sobre los que se deben tomar las decisiones. La posibilidad de acceder a información y conocimiento veraz. Esa Verdad determina la Justicia, que busca la equidad partiendo de la Verdad. Sobre ese elemento de Justicia podemos obrar con Libertad.

La Libertad en la vida social se manifiesta en que el ser humano pueda ejercer los diferentes aspectos de su vida: familiar, social, laboral, económica, política,… Algo que se ve vulnerado de forma continua. Supone un Estado no totalitario en que las personas participen en las decisiones. Una sociedad respetuosa con la Libertad requiere que no se manipule a las personas condicionando e imponiendo la forma “correcta” de pensar.