El Derecho Natural existe

Derecho Natural existe y lo captamos en nuestro interior.  De la misma forma que hay leyes físicas, como la de la gravedad, hay leyes morales, como la que ordena respetar toda vida humana. Así ha hecho Dios el Mundo: dos y dos son cuatro, los ratones no engendran caballos y el homicidio está mal. Se trata de esas leyes no escritas de las que hablaron Antígona y Aristóteles, a las que una tradición cristiana bimilenaria llama Derecho Natural. El cual es un regalo que Dios nos hace, pues como dice san Pablo a los romanos esa Ley está escrita en nuestros corazones, en el centro mismo de nuestra alma. Tenemos ahí una chispa de lo divino que permite a nuestro entendimiento discernir lo bueno de lo malo, y eso sin quitarnos la libertad de actuar de una u otra forma. Lo primero que captamos es esto: el bien ha de hacerse y el mal ha de evitarse. Concretando más Ulpiano aludió a vivir honestamente, no dañar a nadie y dar a cada uno lo suyo; unos principios que el Cristianismo plasmó en el Decálogo, diez palabras que defienden bienes que están en la naturaleza: vivir en la verdad, pureza de corazón, defensa de toda vida humana, amor a la familia, respeto de lo ajeno, etcétera.

«Derecho Natural existe y lo captamos en nuestro interior»

En esta concepción el Derecho no se identifica con la orden del que manda, no es sólo la ley positiva que publica el boletín oficial del Estado, sostener tal cosa es primitivo y simplista. Es algo mucho más rico. Si la Ética es el arte de gobernarse a sí mismo, el Derecho es el arte de gobernar la Comunidad en función del bien y la justicia naturales. Así lo definió el jurista romano Celso, como arte de lo bueno y de lo justo, de aplicar leyes que no son de ayer ni de hoy, sino de siempre. Esa es la razón por la que la Justicia se representa como una Virgen con los ojos vendados, símbolo de incorruptibilidad, que con su balanza nivela y con su espada ataja el mal.

José Ramón Recuero

La tiranía del laicismo

El dios actual (arjé) es el hombre de carne y hueso.

La primera forma que tiene el Estado de controlarnos hace referencia a las creencias que predominan en la Comunidad Política. Hemos convenido que en cada Comunidad su Derecho Positivo se fundamenta en las creencias básicas generalmente aceptadas, creencias básicas radicales cuya piedra angular es la creencia primordial, lo que llamo el arjé generalmente aceptado, el dios, escrito con minúscula, en que la mayoría de los miembros de una Comunidad cree. La actual fe se basa en el antropoteismo, es la religión materialista de que traté en la Ética, la ola laicista que nos invade. Para ella la fuente de todo, dios, el arjé, es la Madre Naturaleza, el Mundo Material, y el Cuerpo Humano como parte de él. Ahora el hombre es una bestia que se cree dios, el ombligo del mundo, el hombre es dios para el hombre. Esta es la actual religión civil o laica basada en mera teología física, materialismo puro y duro, laicismo.

El antropoteismo convierte a Leviatán en un dios social.

Una política con el hombre como dios endiosa al Poder

Una política con el hombre como dios endiosa al Poder (recordemos el animismo político). Leviatán se cree dios, el dios social, esa es su alma. Ya nos aseguró Hegel que el Estado es «dios real» en la tierra.

Y excluye a Dios de la vida social, hay política sin Dios.

Hablo ahora de Dios con mayúscula, como Espíritu que es arjé. Dios sale de la vida social y se recluye en las conciencias, vivimos como si Dios no existiera.

Con lo que el actual es un Estado Laico Confesional, confesionalmente laico, laicista.

No hay aconfesionalidad del Estado, lo que hay es un Estado confesionalmente laico.

Intolerante con las otras religiones.

Es un Estado intolerante además con las demás religiones, como la cristiana, que pretende vuelva a las catacumbas. La supuesta «tolerancia escéptica y relativista» de que se nos habla supone obligarnos a todos a admitir que todas las opiniones valen lo mismo, es decir, nada, porque no hay verdad ni falsedad, no hay bien ni mal. Con esa idea de que toda opinión vale lo mismo (menos esta: la de que todas valen lo mismo, esta sí es verdad) se nos está imponiendo dogmáticamente el relativismo y el nihilismo, es decir, el laicismo. Eso es una trampa, la trampa saducea del laicismo.

La supuesta «tolerancia escéptica y relativista» de que se nos habla supone obligarnos a todos a admitir que todas las opiniones valen lo mismo, es decir, nada, porque no hay verdad ni falsedad, no hay bien ni mal.

Con su fundamentalismo y dogmatismo Leviatán Laico quiere imponer su doctrina y su credo.

Como señalé, los que mandan persiguen únicamente su propio interés, que es imponernos a todos por la fuerza el laicismo antropoteista y materialista. 

La hoja de ruta del laicismo.

Para llevarlo a cabo existe una hoja de ruta del laicismo que define cómo hacer una ingeniería social con todos nosotros, con nuestros cuerpos y con nuestras almas, una ingeniería que implante el laicismo en nuestras vidas, en nuestras libertades y en todos nuestros bienes, en todo nuestro suum. Tal hoja de ruta está bien definida. El año 2007 se ha publicado un Libro Blanco de la Laicidad que da las pautas para implantarla, siguiendo la estela de lo ocurrido en Francia durante la revolución en la que Leviatán se hizo democrático. La «Asociación Europa Laica», muy activa, ha redactado, presentado y explicado recientemente en el Parlamento Europeo una llamada Carta Europea por la Laicidad y la Libertad de Conciencia que indica los criterios para implantarla en todo el continente, y con este mismo fin, difundirla, ha establecido todos los años un día internacional del laicismo y de la libertad de conciencia (9 de diciembre). La «Fundación Ferrer i Guardia» ha desarrollado una hoja de ruta del laicismo para su implantación en España en el llamado Manifiesto de Barcelona, del año 2002. En Universidades se crean foros de laicidad, como la Cátedra de Laicidad y Libertades Públicas Fernando de los Ríos establecida en una Universidad española con la colaboración de organizaciones laicistas, la cual incluso ha promovido un «código del laicismo». Asociaciones, movimientos, observatorios, publicaciones… de todo hay.

La hoja de ruta laicista se centra en la implantación de una política sin Dios y sin Ley Moral.

Se centra en una política en la que el hombre de carne y hueso es el nuevo dios que, inmerso en el relativismo, crea a su antojo su propio bien y su propio mal. Para conseguir lo cual Leviatán debe llevar a cabo una ingeniería social antinatural, antihumana, bestial, que nos obligue a todos a comulgar con ese gran naufragio de la vida racional, opuesto a la naturaleza de las cosas y a la auténtica moral.

Los valores laicos.

«La laicidad es la regla de vida en la sociedad democrática», comienza diciendo el Libro Blanco de la Laicidad, un principio que debe aplicarse en todo proyecto político de cualquier Estado, de la Unión Europea o Mundial. Los «valores laicos», así se les llama, ¿en qué consisten?, ¿cuáles son? Se centran en la liberación de sobrestructuras y alienaciones y en la idea de una libertad carente de toda regla moral (lo cual es un gran engaño, lo sabemos por la Ética), haciendo que el hombre, inmerso en un total y absoluto relativismo, sea dueño de su destino y haga lo que le de la gana y le apetezca, sin normas, sin contar con los demás ni con lo que está o no está en la naturaleza de las cosas. En ese «valor» y en esa religión antropoteista tiene Leviatán que educar al niño desde su más tierna infancia.

Leviatán dispone de vidas, libertades y demás bienes.

Este penoso naufragio de la moral se consagra de hecho mediante una ingeniería social con la que Leviatán dispone a su capricho de todo lo nuestro, de nuestro suum, de nuestras vidas, nuestras libertades y nuestros bienes. Nacimiento, vida y muerte son considerados desde la libertad individual carente de normas, de manera que el derecho a matar a otro está garantizado, incluso en ocasiones es el Estado quien mata a sus ciudadanos como una prestación pública gratuita que todos pagamos con los impuestos.

El Estado Laico dispone del derecho a la vida de sus miembros.

La historia está plagada de homicidios, desde Caín y Abel, lo peculiar de nuestra época es que matar a un hombre se considera bueno y se hace legal, incluso se convierte en un derecho que el Estado ampara, sufraga y hace efectivo. El Estado no protege al que va a morir sino a aquel que quiere matarlo. Leviatán tiene el ius vitae de sus miembros, dispone de sus vidas, lo más preciado que poseen.

Lo hace cuando el derecho a la vida del pobre ser humano embrionario se transforma en un derecho a congelarlo, manipularlo y después tirarlo, lo que de hecho da lugar a la eliminación de miles de niños-probeta por el Estado. Se fabrican hombres en probetas y se conservan en nitrógeno líquido, pequeños seres humanos formados a partir de un cigoto y con su personal ADN son utilizados por el Estado como cosas que se pueden donar, congelar, seleccionar para eliminar los tarados, usar para investigar y, en fin, destruir cuando ya no son útiles.

También lo hace cuando el derecho a vivir que tiene todo ser humano mientras se desarrolla y crece en su seno materno se sustituye en un derecho a matarlo libremente mediante su aborto, y además es el Estado quien se encarga de eliminarlo dándole el carácter de una prestación pública sanitaria. Mientras vive y se desarrolla dentro de su madre la vida del niño está amenazada de una muerte amparada por el Estado, incluso pagada y practicada por él, millones de inocentes seres humanos son eliminados alevosamente mediante ese homicidio llamado aborto libre y sin causa.

También cuando el derecho a continuar viviendo del recién nacido que está enfermo se convierte en un derecho a matar al niño mediante la eutanasia neonatal, regulada, garantizada y practicada por el Estado. Hay países como Holanda en los que incluso se ha establecido, pagada con dinero público, una Comisión especial  del Estado llamada «Comisión Central de Expertos sobre interrupción tardía del embarazo y terminación de la vida de recién nacidos».

Y, en fin, el Estado Laico tiene también en sus manos el ius vitae de todos cuando el derecho natural a vivir de enfermos, débiles, ancianos y cualquier otra persona, se transmuta en un derecho del Estado a ejecutarlos mediante la mal llamada eutanasia usando para ello su sistema sanitario, estableciendo incluso clínicas especializadas en «matar bien» a los pacientes y en llevar a cabo tales ejecuciones «con esmero». En estos casos el «médico» puede matar impunemente a su paciente, y tales homicidios son supervisados y aprobados por el Estado, que los considera una prestación sanitaria y crea unas Comisiones específicas para controlar cada una de las ejecuciones una vez notificadas reglamentariamente.

En todos estos casos, los sanos y fuertes acaban con las vidas de los débiles y e inocentes usando para ello el aparato del Estado, Leviatán tiene en sus manos el ius vitae de sus súbditos, su derecho a la vida, lo más preciado de su suum. La vida humana es atacada por Leviatán Laico precisamente en sus fases más delicadas e inocentes, y eso se considera bueno y encomiable. El mal se disfraza de bien, y la Justicia y el Derecho entran en bancarrota.

El Estado Laico dispone de la libertad de sus miembros.

Leviatán dispone también de la libertad de sus miembros, a pesar de que es un derecho natural. Todo a causa del gran engaño que ha provocado esa imagen de la Voluntad General. Cada uno renuncia a su libertad más íntima, que es la del arbitrio libre de su propia voluntad, y la deposita en esa mística Voluntad de lo Común, creyendo así que preserva su libertad, que se obedece a sí mismo cuando cumple cualquier ley ¡Qué ingenuidad, qué inocencia!, en realidad han corrido detrás de sus cadenas y la han perdido para siempre. Ya dijo el Eclesiástico que es infinito el número de los necios, y Salomón que la estupidez es fuente de gozo para el estúpido. ¡Libre atado a la voluntad de todos los demás! En realidad Leviatán Laico Confesional es el único que de hecho es libre, y así puede imponer a todos su nihilismo relativista.

Leviatán dispone también de la libertad de sus miembros, a pesar de que es un derecho natural. Todo a causa del gran engaño que ha provocado esa imagen de la Voluntad General. Cada uno renuncia a su libertad más íntima, que es la del arbitrio libre de su propia voluntad, y la deposita en esa mística Voluntad de lo Común, creyendo así que preserva su libertad, que se obedece a sí mismo cuando cumple cualquier ley

El Estado Laico dispone de los demás bienes de sus miembros.

No sólo vidas y libertades están en sus manos, también los restantes bienes, Leviatán dispone también de los bienes de sus miembros. Lo quiere todo, todo suum, como aquel Timoteo, general ateniense, que recibió el nombre de Dichoso y al que se aplicó el proverbio: «incluso durmiendo su red recoge para él». El Estado, incluso durmiendo, recauda y confisca a diario ingentes sumas que están gastadas antes de entrar en sus arcas. Todos debemos ingresar continuamente dinero en su cuenta bancaria sin que se moleste siquiera en venir a recogerlo, somos sujetos pasivos, retenedores, repercutidos y otras especies tributarias, hay impuestos para todo.

En resumen, Leviatán Laico juega a ser dios, intolerante además.

Como vemos Leviatán Laicista juega a ser dios y hace lo que quiere con nuestras vidas, con nuestras libertades y con nuestros más preciados bienes. Y lo que desea es conformarnos a su imagen y semejanza.

José Ramón Recuero. Respuestas breves a inmensas cuestiones. (Cuestiones 592-605)

HUMANISMO Y POSHUMANISMO

Por José Amengual

1. DOS COSMOVISIONES ANTAGÓNICAS


– HUMANISMO: LA CULTURA DE LAS TRES COLINAS

El Gólgota: El Cristianismo, La Acrópolis: La Filosofía, El Capitolio: El Derecho

– POSHUMANISMO: LA CONTRACULTURA DE LAS TRES CAVERNAS

El Nihilismo: La imposibilidad de conocer la verdad.
El relativismo moral: La validez de todas las concepciones morales.
El identitarismo excluyente: La sustitución de la identidad personal, la que nos hace únicos, por la de pertenencia a un colectivo excluyente.

– La Civilización se ha desarrollado sobre la base humanista, consagrando las libertades y derechos individuales como propios de la dignidad ontológica del ser humano y ha progresado aplicando la ecuación:

PROGRESO = LIBERTAD + RESPONSABILIDAD + CREATIVIDAD + RIESGO

– El Poshumanismo conlleva:
. Restricción de las libertades individuales
. Abolición de la ética de la responsabilidad . Freno a la creatividad
. Desincentivación del riesgo

– El Poshumanismo impide el progreso individual y social, por lo que es incompatible con la sociedad del conocimiento, la única que nos abre la senda de la consolidación de la Civilización y de su futuro.

2. POSHUMANISMO, TOTALITARISMO Y ÉLITES GLOBALES

– La Civilización construida sobre la cosmovisión humanista ha producido una extraordinaria evolución cuanticualitativa, de forma directa en los países democráticos e indirecta en países con regímenes autoritarios o totalitarios:

. Crecimiento exponencial de la población mundial, frenada por el auge del Posthumanismo que propugna el aborto y el descarte de la natalidad.
. Culturización de la población mediante el acceso generalizado a la educación.

. Extraordinario desarrollo económico que ha dado lugar a unas clases medias mayoritarias.
. La estructura organizativa piramidal está siendo sustituida por sistemas en red.

. Socialización centrada en las megalópolis.

– Esa acelerada evolución se ha producido en un nuevo marco económico, tecnológico y geopolítico:

. Hipertrofia del gasto público.
. Endeudamiento público y privado inasumible.
. Deslocalización y dispersión de la producción.
. Logística internacional especialmente vulnerable.
. Eclosión generalizada de las TICs, Tecnologías de la Información y la Comunicación.
. Globalización / Generalización del libre mercado.
. Fracaso del uso de la fuerza militar en los conflictos regionales.
. Irrupción del meteoro chino en el tablero geoestratégico mundial.
. Emigraciones masivas.
. Nuevo mapa energético y nuevas materias primas.
. Creciente supeditación de los estados – nación a una jerarquía globalista autoritaria.

– La pujanza de las sociedades de ciudadanos libres e iguales o con crecientes aspiraciones a serlo, ha puesto en peligro el poder de las élites oligárquicas globales, que están reaccionando con la adopción de una estrategia de implementación de la cosmovisión poshumanista, instrumentada a través de la ideología totalitaria neocomunista. De esa forma se configura una connivencia a escala mundial entre los grandes poderes económico-políticos, que supeditan el antagonismo ideológico al colaboracionismo contracultural.

3. LA DISTOPÍA POSHUMANISTA

Con el fin de conseguir la hegemonía de la cosmovisión Poshumanista, las élites globalistas han generado una batalla cultural sustentada en una proposición contracultural tan irracional como contradictoria en términos, por lo que, tarde o temprano, esa batalla está abocada al fracaso:

. El nihilismo es absolutamente incoherente con la imposición de lo “políticamente correcto”.

. Unas élites que suprimen la libertad intelectual se están negando el progreso en todos los órdenes, por lo que están renunciando a su propio futuro.

. El proceso de sustitución de la persona con sus libertades y derechos por el de pertenencia a un colectivo predeterminado, al que se le otorgan privilegios discriminatorios, choca frontalmente con la necesidad innata de la persona de realizarse como tal y no como perteneciente a un colectivo.

. El asalto a las libertades individuales comporta la sustitución de la meritocracia y el pluralismo por la “diversocracia” y la “cancelación”.

. Las políticas contraculturales terminan cercenando el desarrollo cultural, científico, tecnológico y económico, por lo que el sistema que las adopta está abocado a su implosión.


Madrid, diciembre 2021

José Amengual

BIBLIOGRAFÍA:

GILLES LIPOVETSKY (1944-) “LA ERA DEL VACÍO”

JOSÉ MIGUEL ORTÍ BORDÁS (1938-)
“OLIGARQUÍA Y SUMISIÓN” / “DESAFECCIÓN, POSDEMOCRACIA,ANTIPOLÍTICA”

GIANNI VATTIMO (1936-) “EL PENSAMIENTO DÉBIL”

ERNESTO LACLAU (1935-2014) Y CHANTAL MOUFFE (1943-) “HEGEMONÍA Y ESTRATEGIA SOCIALISTA”

DALMACIO NEGRO PAVÓN (1931-)
“LA LEY DE HIERRO DE LA OLIGARQUÍA”

JÜRGEN HABERMAS (1929-)
“TEORÍA DE LA ACCIÓN COMUNICATIVA”

JEAN-FRANÇOIS LYOTARD (1924-1998) “LA CONDICIÓN POSMODERNA”

THEODOR ADORNO (1903-1969) Y MAX HORKHEIMER (1895-1973) “DIALÉCTICA DE LA ILUSTRACIÓN”

HERBERT MARCUSE (1898-1979) “EL HOMBRE UNIDIMENSIONAL”

ANTONIO GRAMSCI (1891-1937)
“EL MATERIALISMO HISTÓRICO Y LA FILOSOFÍA DE BENEDETTO CROCE” “NOTAS SOBRE MAQUIAVELO: SOBRE LA POLÍTICA Y SOBRE EL ESTADOMODERNO” / “CARTAS DEDE LA CÁRCEL”

Profundizar desde el humanismo cristiano en: el ser, el deber ser y en la Política.

Editorial Y, Madrid, 2019, 408 pp. 17X24 cm. Papel: ISBN – 978-84-17666-10-1 

RESPUESTAS BREVES A INMENSAS CUESTIONES

Dios, el mundo y yo; mi libertad con ley moral; el poder político, las leyes y la justicia.

RECUERO ASTRAY, José Ramón

En la vida, la primera jugada nos viene dada. Pero en las siguientes, ya actuamos nosotros. Cada uno es hijo de sus obras, podemos usar la jugada de la manera más conveniente para vivir bien. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo vivir bien y, si es posible, al final, morir bien? Estoy convencido de que el libro de la vida lo vamos escribiendo nosotros, que no es juicioso seguir aceptando de forma callada y sumisa el actual relativismo. Por eso, y porque amo profundamente la libertad, la mía y la de todos, y en uso de ella, he puesto por escrito estas recetas filosóficas… Lo que yo deseo no puedo ni quiero ocultarlo: quiero salir de una situación en la que la verdad y el bien son sustituidos por la decisión de una mayoría accidental que se convierte en lo absoluto; quiero devolver al hombre su dignidad haciendo que ninguna instancia humana pueda dominarlo, porque él se encuentra abierto hacia la Verdad misma; quiero que no se me obligue a ser libre imponiéndome por la fuerza una moral nihilista y una ley positiva basada en el relativismo… En una palabra: quiero ser libre, vivir en libertad. También deseo de corazón que estas recetas filosóficas curen tu melancolía, si es que la tienes; que orienten tu pensamiento en este escéptico mundo, si es que lo necesitas; que te ayuden a vivir bien, lo conseguirás si ayudas con tu esfuerzo a las dotes que te dio la naturaleza; que promuevan en nosotros una convivencia libre y civilizada, sin guerras ni tiranías, en paz, libertad y justicia. En fin, espero que las breves respuestas que aquí se contienen contesten a las grandes preguntas que tú, yo y todos nos hacemos. 

José Ramón Recuero Astray, filósofo y escritor, ha ejercido durante 47 años como Abogado del Estado, los últimos 27 de ellos en el Tribunal Supremo de España. Ha escrito y publicado una trilogía de diálogos dedicados a la ontología (La Cuestión de Dios, 2008), a la ética (La Cuestión del Bien y del Mal, 2009) y a la política (La Cuestión Política, 2018), además de otros ensayos y tratados, como los libros La dialéctica de la libertad, La libertad en Rousseau y Kant, En defensa de la vida humana y España y su Futuro: Propuestas para fortalecer la Nación y reformar la Constitución (2018). Forma parte del Instituto de Estudios de la Democracia de la Universidad CEU San Pablo, y es miembro correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación.

Portada: Atenea, la patrona de Atenas, era una de la principales divinidades del Panteón y del Olimpo en la antigua Grecia. Entre otras simboliza la sabiduría, la justicia y la difusión de aquella cultura cuya influencia es decisiva en el pensamiento del mundo occidental. Atenea frecuentemente está acompañada de una lechuza, a su vez símbolo de la sabiduría.

Adquisición en papel y en formato digital en: España, Hispanoamérica, Portugal, Reino Unido y Estados Unidos:

La libertad de educación y el humanismo cristiano

La Libertad de Educación conforme reconoce la Constitución Española y recoge la recta doctrina emanada del Tribunal Constitucional. Libertad que se configura como el derecho de los padres a elegir la formación moral y religiosa que desean para sus hijos y el derecho a elegir el centro educativo en donde estudiar; el derecho a crear instituciones educativas, así como el derecho de quienes llevan a cabo personalmente la función de enseñar, a desarrollarla con plena libertad dentro del marco constitucional.

A este respecto hemos de indicar que nadie cuestiona que al Estado corresponde la formación de los alumnos en disciplinas científicas y humanísticas, ya sea Matemáticas, Lengua, Química,…así como en valores cívicos, ajenos a cualquier ideología, y que serán los constitucionalmente reconocidos de tolerancia, respeto, igualdad, no discriminación…que deberán impartirse de forma transversal a través de todo el proceso educativo, y que harán de nuestros hijos buenos ciudadanos de acuerdo con la Constitución que entre todos nos hemos dado. Ahora bien, la formación ético-moral de la escuela corresponde por ley a los padres conforme a sus propias convicciones. Esta es una responsabilidad que no se puede ni se debe delegar pues es la que implica escoger una opción ético-moral y conforme la visión de la persona ante la vida, sus creencias, increencias o convicciones más íntimas, y sólo es competencia de sus padres, que son los que libremente eligen si desean que aquella formación sea conforme a su ética atea, agnóstica o religiosa.

Defender el modelo estatalista (que en nuestra Constitución no tiene cabida) provoca que según quién ocupe el poder, así serán educados nuestros hijos. Claro, quienes así piensan no han previsto que si en el futuro existe un gobierno integrista religioso se apropie igualmente del derecho de educar a los niños (a todos) en su fundamentalismo o en sus dogmas.

El art. 27.2 de nuestra Constitución establece que “La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana”. Nadie puede pensar que las Matemáticas, la Física o la Gramática puedan dotar de por sí a un alumno de un pleno desarrollo de su persona, pues para ello, precisará de otros componentes formativos relacionados con los valores y principios. Por tanto, la escuela no es sólo el lugar donde se imparten las disciplinas fundamentales, sino el lugar en el que se aprende a ser buenas personas, buenos ciudadanos, a forjar futuros componentes de la sociedad. Como naturalmente, no todos coincidimos ni tenemos porqué coincidir en el concepto o basamento de esos valores, la decisión de en qué valores ético-morales se ha de formar al alumnos corresponde libre y voluntariamente a los titulares de la patria potestad de los mismos (art. 154.1º del Código Civil) y jamás al Consejero de Educación de tu comunidad autónoma o el Ministro de turno del color que sea. Y esa asignatura en valores ético-morales cristianos, paganos, ateos…será libremente escogida por los padres. No hay libertad de educación si no hay libertad de elección. Hay que recordar que la asignatura de Religión ha sido, es y debe ser, de elección voluntaria por los padres, pero hay que reconocerles esa opción, establecida además en los Acuerdos entre el Estado y la Santa Sede tras la Constitución.

Privar a los niños de la posibilidad de conocer los principios básicos en los que se basa el humanismo cristiano, es privarles de conocer el verdadero fundamento de las declaraciones universales de los Derechos Humanos, de la Democracia o de los principios universales de Solidaridad, y por supuesto en sentimientos esenciales para la convivencia humana como la compasión, el perdón…en suma el amor el prójimo, todos ellos basados en principios que emanan del Evangelio, prácticamente inexistentes con anterioridad y que sólo ellos pueden ser fundamento ineludible y sólido de nuestra paz y concordia entre los ciudadanos de una nación y entre las distintas naciones del mundo.

La nueva ley educativa (LOMLOE) deja la asignatura voluntaria de Religión o su alternativa de Ética en el aire. En efecto. La Ética la impone el Estado obligatoria para todos a través de una asignatura que impone (“Valores Éticos y Ciudadanía”), por lo que la asignatura de Religión, será algo así como una actividad “extraescolar”, que no será evaluable. Nuestro Tribunal Constitucional ha reiterado que el Estado y sus instituciones han de ser “ideológicamente neutrales”. No se pueden impartir obligatoriamente ideologías en la escuela, de ningún tipo, por parte del Estado.

Hay que defender la Constitución Española y la Carta de Derechos Fundamentales de la UE y el Convenio Eurpeo de Derechos Humanos, con pleno respeto a las libertades y derechos fundamentales, frente a una tergiversación ideológica que instaure un inexistente derecho a la educación del Estado, imposibilitando aún más, escoger en condiciones de igualdad entre educación pública y educación concertada.

En síntesis defendemos que el Derecho a la Educación es de los niños, la Libertad de Educación es de los padres, y la Obligación de garantizarlo al Estado. No existe ni el Derecho ni la Libertad de Educación del Estado.

Almendralejo (España), marzo 2021

Francisco La Moneda Díaz

Humanismo cristiano y futuro

El humanismo cristiano es un punto de apoyo sólido para estructurar un pensamiento sobre el que desarrollar una acción social en los próximos años. 

Existe una batalla cultural a nivel mundial y se expande sobre una población que, en muchos casos, carece de ideas fuertes y sugerentes con las que navegar en la incertidumbre.

La presión de las ideas difuminadoras de la verdad y de la dignidad humana van labrando su camino e instaurándose como el “pensamiento correcto” o ”pensamiento único”. Sin opinión crítica que las confronte. Una batalla cultural en la que desde varias corrientes se menoscaba la profunda dignidad de la persona humana.

Ante esta situación, muchas veces, no es solo la voluntad de no ceder la que falta, también la formación suficiente para analizar lo que ocurre y explicarlo. Y en segundo término, dar una alternativa desde una perspectiva que considere a la persona como núcleo fundamental de dignidad y de la vida social.

El humanismo cristiano es un instrumento fundamental en el análisis de lo que ocurre y en las propuestas de alternativas que se pueden dar. Está construido sobre aspectos inmutables de la antropología humana y de su dignidad, y por tanto susceptibles de aplicarse en todo tiempo y lugar. El humanismo cristiano es un excelente faro para guiarse en tiempos convulsos y discernir ante los problemas actuales.

Partiendo de la persona, su intrínseca dignidad es la que hace “cristiano” al humanismo. Es el Cristianismo quien primero en la Historia pone a la persona, como hija de Dios, en el núcleo de la vida y la confiere de una dignidad absoluta e inalienable. Es el aspecto clave. A partir de esa concepción cristiana de la dignidad humana se ha construido el edificio del pensamiento del humanismo cristiano.  

Ese edificio de pensamiento se ha realizado con aportes del personalismo, de la Doctrina Social de la Iglesia y de autores como Jaques Maritain y Emmanuel Mounier. Se levanta así una base sólida con la que afrontar los problemas del futuro y además lo suficientemente flexible como para aplicarse de forma sugerente y atractiva en las distintas sociedades y culturas del espectro mundial.

La dignidad humana como núcleo de vida desde la concepción hasta la muerte digna, respetada en su ser integral y en todos sus planos, se convierte en la piedra angular del humanismo cristiano. De ahí se desarrolla su concepción de la familia, la sociedad y de los principios rectores que deben guiarla.

La libertad íntimamente ligada a la dignidad humana, supone la existencia de un derecho a ejercerla y un deber de formar la conciencia para ejercerla responsablemente. Esa libertad confronta a sistemas totalitarios explícitos o encubiertos que menoscaban la libertad y restringen los planos espirituales, intelectuales, culturales, sociales, económicos y antropológicos de la persona. La lucha por una libertad plena es uno de los caminos de trabajo principales del humanismo cristiano tanto en el aspecto personal como en el social. 

Esa libertad no se puede encontrar si no está asentada sobre la verdad. La búsqueda de la verdad, una verdad que no depende de nosotros, que nos preexiste. El ejercicio de la libertad está sostenido sobre un juicio de nuestra conciencia de lo que es verdad, de lo que es bueno y lo que no. Que no lo determinamos nosotros. La verdad está íntimamente ligada a la existencia de una ley natural universal y de común aplicación a todos los hombres. Una ley natural y un Derecho Natural que guardan lo inalienable de la persona, de sus derechos fundamentales, y que debe inspirar los Derechos positivos de las sociedades. Derechos positivos que dejan de ser justos en cuanto menoscaban el Derecho Natural.

Ante un mundo dominado por la posverdad y la conformación de la realidad a la voluntad de las sociedades, el humanismo cristiano es la voz que se levanta con la bandera de la obligación de buscar la verdad independientemente del favor en las corrientes de opinión predominantes.

Sin el apoyo en la verdad y el ejercicio de la libertad no es posible la justicia. La justicia en el desarrollo de la vida humana, que la permite crecer en plenitud y con seguridad jurídica y que implica: la defensa de sus derechos a la vida, a formar una familia, a ejercer sus creencias religiosas, a opinar, a la educación, al trabajo, a participar en la vida social. 

El humanismo cristiano no solo surte de valores y pensamiento para tener una visión crítica propia, personal o social, ante situaciones o tendencias determinadas. Un modo de tener una postura firme en las aguas no siempre tranquilas que surcamos. También es una fuente de principios inspiradores para guiarnos en nuestro recorrido hacia el futuro. Por eso, el humanismo cristiano es un elemento de gran peso y difícil de sustituir para todos aquellos que creen en un mundo mejor donde la dignidad de la persona es inalienable y que desean trabajar en la realización práctica de ese mundo mejor en la vida social y política.

Principios que señalan el camino del Bien Común, en cuanto la persona como ser social, y en el que la persona y la sociedad han de buscar lo mejor para el conjunto de seres humanos que la conforman. Bien Común que permita una sociedad donde la persona se desarrolle integralmente. Una sociedad más justa, donde impere la seguridad jurídica y el cuidado del entorno limitado en el que desarrollamos nuestra vida, que debemos de mantener y mejorar para generaciones futuras. El Bien Común también supone una adecuada organización social y política en la que la persona puede participar, que permite a la sociedad llegar a las situaciones más críticas, así como proteger a aquellos que sufren y aupar a los menos favorecidos. Un Bien Común que se relaciona estrechamente con los principios de subsidiaridad y de solidaridad.

En conclusión se puede decir que el humanismo cristiano es tanto un armazón de pensamiento que permite el análisis y crítica de las situaciones e ideas presentes, cómo una guía de acción personal, social y política para los próximos años. Un armazón con la flexibilidad necesaria para aplicarse en cualquier lugar y tiempo, y con la solidez enorme de estar asentado sobre la dignidad humana inmutable e incuestionable.

El humanismo cristiano confronta con fuerza los totalitarismos tanto de estado como de la opinión definida como “correcta” por los poderes mediáticos, económicos e ideológicos. Una batalla cultural y política que puede y debe dar con una alternativa sugerente de futuro.

San Sebastián (España), 3 de enero de 2021

Carlos Barros de Lis