El Derecho Natural existe

Derecho Natural existe y lo captamos en nuestro interior.  De la misma forma que hay leyes físicas, como la de la gravedad, hay leyes morales, como la que ordena respetar toda vida humana. Así ha hecho Dios el Mundo: dos y dos son cuatro, los ratones no engendran caballos y el homicidio está mal. Se trata de esas leyes no escritas de las que hablaron Antígona y Aristóteles, a las que una tradición cristiana bimilenaria llama Derecho Natural. El cual es un regalo que Dios nos hace, pues como dice san Pablo a los romanos esa Ley está escrita en nuestros corazones, en el centro mismo de nuestra alma. Tenemos ahí una chispa de lo divino que permite a nuestro entendimiento discernir lo bueno de lo malo, y eso sin quitarnos la libertad de actuar de una u otra forma. Lo primero que captamos es esto: el bien ha de hacerse y el mal ha de evitarse. Concretando más Ulpiano aludió a vivir honestamente, no dañar a nadie y dar a cada uno lo suyo; unos principios que el Cristianismo plasmó en el Decálogo, diez palabras que defienden bienes que están en la naturaleza: vivir en la verdad, pureza de corazón, defensa de toda vida humana, amor a la familia, respeto de lo ajeno, etcétera.

«Derecho Natural existe y lo captamos en nuestro interior»

En esta concepción el Derecho no se identifica con la orden del que manda, no es sólo la ley positiva que publica el boletín oficial del Estado, sostener tal cosa es primitivo y simplista. Es algo mucho más rico. Si la Ética es el arte de gobernarse a sí mismo, el Derecho es el arte de gobernar la Comunidad en función del bien y la justicia naturales. Así lo definió el jurista romano Celso, como arte de lo bueno y de lo justo, de aplicar leyes que no son de ayer ni de hoy, sino de siempre. Esa es la razón por la que la Justicia se representa como una Virgen con los ojos vendados, símbolo de incorruptibilidad, que con su balanza nivela y con su espada ataja el mal.

José Ramón Recuero

La tiranía del laicismo

El dios actual (arjé) es el hombre de carne y hueso.

La primera forma que tiene el Estado de controlarnos hace referencia a las creencias que predominan en la Comunidad Política. Hemos convenido que en cada Comunidad su Derecho Positivo se fundamenta en las creencias básicas generalmente aceptadas, creencias básicas radicales cuya piedra angular es la creencia primordial, lo que llamo el arjé generalmente aceptado, el dios, escrito con minúscula, en que la mayoría de los miembros de una Comunidad cree. La actual fe se basa en el antropoteismo, es la religión materialista de que traté en la Ética, la ola laicista que nos invade. Para ella la fuente de todo, dios, el arjé, es la Madre Naturaleza, el Mundo Material, y el Cuerpo Humano como parte de él. Ahora el hombre es una bestia que se cree dios, el ombligo del mundo, el hombre es dios para el hombre. Esta es la actual religión civil o laica basada en mera teología física, materialismo puro y duro, laicismo.

El antropoteismo convierte a Leviatán en un dios social.

Una política con el hombre como dios endiosa al Poder

Una política con el hombre como dios endiosa al Poder (recordemos el animismo político). Leviatán se cree dios, el dios social, esa es su alma. Ya nos aseguró Hegel que el Estado es «dios real» en la tierra.

Y excluye a Dios de la vida social, hay política sin Dios.

Hablo ahora de Dios con mayúscula, como Espíritu que es arjé. Dios sale de la vida social y se recluye en las conciencias, vivimos como si Dios no existiera.

Con lo que el actual es un Estado Laico Confesional, confesionalmente laico, laicista.

No hay aconfesionalidad del Estado, lo que hay es un Estado confesionalmente laico.

Intolerante con las otras religiones.

Es un Estado intolerante además con las demás religiones, como la cristiana, que pretende vuelva a las catacumbas. La supuesta «tolerancia escéptica y relativista» de que se nos habla supone obligarnos a todos a admitir que todas las opiniones valen lo mismo, es decir, nada, porque no hay verdad ni falsedad, no hay bien ni mal. Con esa idea de que toda opinión vale lo mismo (menos esta: la de que todas valen lo mismo, esta sí es verdad) se nos está imponiendo dogmáticamente el relativismo y el nihilismo, es decir, el laicismo. Eso es una trampa, la trampa saducea del laicismo.

La supuesta «tolerancia escéptica y relativista» de que se nos habla supone obligarnos a todos a admitir que todas las opiniones valen lo mismo, es decir, nada, porque no hay verdad ni falsedad, no hay bien ni mal.

Con su fundamentalismo y dogmatismo Leviatán Laico quiere imponer su doctrina y su credo.

Como señalé, los que mandan persiguen únicamente su propio interés, que es imponernos a todos por la fuerza el laicismo antropoteista y materialista. 

La hoja de ruta del laicismo.

Para llevarlo a cabo existe una hoja de ruta del laicismo que define cómo hacer una ingeniería social con todos nosotros, con nuestros cuerpos y con nuestras almas, una ingeniería que implante el laicismo en nuestras vidas, en nuestras libertades y en todos nuestros bienes, en todo nuestro suum. Tal hoja de ruta está bien definida. El año 2007 se ha publicado un Libro Blanco de la Laicidad que da las pautas para implantarla, siguiendo la estela de lo ocurrido en Francia durante la revolución en la que Leviatán se hizo democrático. La «Asociación Europa Laica», muy activa, ha redactado, presentado y explicado recientemente en el Parlamento Europeo una llamada Carta Europea por la Laicidad y la Libertad de Conciencia que indica los criterios para implantarla en todo el continente, y con este mismo fin, difundirla, ha establecido todos los años un día internacional del laicismo y de la libertad de conciencia (9 de diciembre). La «Fundación Ferrer i Guardia» ha desarrollado una hoja de ruta del laicismo para su implantación en España en el llamado Manifiesto de Barcelona, del año 2002. En Universidades se crean foros de laicidad, como la Cátedra de Laicidad y Libertades Públicas Fernando de los Ríos establecida en una Universidad española con la colaboración de organizaciones laicistas, la cual incluso ha promovido un «código del laicismo». Asociaciones, movimientos, observatorios, publicaciones… de todo hay.

La hoja de ruta laicista se centra en la implantación de una política sin Dios y sin Ley Moral.

Se centra en una política en la que el hombre de carne y hueso es el nuevo dios que, inmerso en el relativismo, crea a su antojo su propio bien y su propio mal. Para conseguir lo cual Leviatán debe llevar a cabo una ingeniería social antinatural, antihumana, bestial, que nos obligue a todos a comulgar con ese gran naufragio de la vida racional, opuesto a la naturaleza de las cosas y a la auténtica moral.

Los valores laicos.

«La laicidad es la regla de vida en la sociedad democrática», comienza diciendo el Libro Blanco de la Laicidad, un principio que debe aplicarse en todo proyecto político de cualquier Estado, de la Unión Europea o Mundial. Los «valores laicos», así se les llama, ¿en qué consisten?, ¿cuáles son? Se centran en la liberación de sobrestructuras y alienaciones y en la idea de una libertad carente de toda regla moral (lo cual es un gran engaño, lo sabemos por la Ética), haciendo que el hombre, inmerso en un total y absoluto relativismo, sea dueño de su destino y haga lo que le de la gana y le apetezca, sin normas, sin contar con los demás ni con lo que está o no está en la naturaleza de las cosas. En ese «valor» y en esa religión antropoteista tiene Leviatán que educar al niño desde su más tierna infancia.

Leviatán dispone de vidas, libertades y demás bienes.

Este penoso naufragio de la moral se consagra de hecho mediante una ingeniería social con la que Leviatán dispone a su capricho de todo lo nuestro, de nuestro suum, de nuestras vidas, nuestras libertades y nuestros bienes. Nacimiento, vida y muerte son considerados desde la libertad individual carente de normas, de manera que el derecho a matar a otro está garantizado, incluso en ocasiones es el Estado quien mata a sus ciudadanos como una prestación pública gratuita que todos pagamos con los impuestos.

El Estado Laico dispone del derecho a la vida de sus miembros.

La historia está plagada de homicidios, desde Caín y Abel, lo peculiar de nuestra época es que matar a un hombre se considera bueno y se hace legal, incluso se convierte en un derecho que el Estado ampara, sufraga y hace efectivo. El Estado no protege al que va a morir sino a aquel que quiere matarlo. Leviatán tiene el ius vitae de sus miembros, dispone de sus vidas, lo más preciado que poseen.

Lo hace cuando el derecho a la vida del pobre ser humano embrionario se transforma en un derecho a congelarlo, manipularlo y después tirarlo, lo que de hecho da lugar a la eliminación de miles de niños-probeta por el Estado. Se fabrican hombres en probetas y se conservan en nitrógeno líquido, pequeños seres humanos formados a partir de un cigoto y con su personal ADN son utilizados por el Estado como cosas que se pueden donar, congelar, seleccionar para eliminar los tarados, usar para investigar y, en fin, destruir cuando ya no son útiles.

También lo hace cuando el derecho a vivir que tiene todo ser humano mientras se desarrolla y crece en su seno materno se sustituye en un derecho a matarlo libremente mediante su aborto, y además es el Estado quien se encarga de eliminarlo dándole el carácter de una prestación pública sanitaria. Mientras vive y se desarrolla dentro de su madre la vida del niño está amenazada de una muerte amparada por el Estado, incluso pagada y practicada por él, millones de inocentes seres humanos son eliminados alevosamente mediante ese homicidio llamado aborto libre y sin causa.

También cuando el derecho a continuar viviendo del recién nacido que está enfermo se convierte en un derecho a matar al niño mediante la eutanasia neonatal, regulada, garantizada y practicada por el Estado. Hay países como Holanda en los que incluso se ha establecido, pagada con dinero público, una Comisión especial  del Estado llamada «Comisión Central de Expertos sobre interrupción tardía del embarazo y terminación de la vida de recién nacidos».

Y, en fin, el Estado Laico tiene también en sus manos el ius vitae de todos cuando el derecho natural a vivir de enfermos, débiles, ancianos y cualquier otra persona, se transmuta en un derecho del Estado a ejecutarlos mediante la mal llamada eutanasia usando para ello su sistema sanitario, estableciendo incluso clínicas especializadas en «matar bien» a los pacientes y en llevar a cabo tales ejecuciones «con esmero». En estos casos el «médico» puede matar impunemente a su paciente, y tales homicidios son supervisados y aprobados por el Estado, que los considera una prestación sanitaria y crea unas Comisiones específicas para controlar cada una de las ejecuciones una vez notificadas reglamentariamente.

En todos estos casos, los sanos y fuertes acaban con las vidas de los débiles y e inocentes usando para ello el aparato del Estado, Leviatán tiene en sus manos el ius vitae de sus súbditos, su derecho a la vida, lo más preciado de su suum. La vida humana es atacada por Leviatán Laico precisamente en sus fases más delicadas e inocentes, y eso se considera bueno y encomiable. El mal se disfraza de bien, y la Justicia y el Derecho entran en bancarrota.

El Estado Laico dispone de la libertad de sus miembros.

Leviatán dispone también de la libertad de sus miembros, a pesar de que es un derecho natural. Todo a causa del gran engaño que ha provocado esa imagen de la Voluntad General. Cada uno renuncia a su libertad más íntima, que es la del arbitrio libre de su propia voluntad, y la deposita en esa mística Voluntad de lo Común, creyendo así que preserva su libertad, que se obedece a sí mismo cuando cumple cualquier ley ¡Qué ingenuidad, qué inocencia!, en realidad han corrido detrás de sus cadenas y la han perdido para siempre. Ya dijo el Eclesiástico que es infinito el número de los necios, y Salomón que la estupidez es fuente de gozo para el estúpido. ¡Libre atado a la voluntad de todos los demás! En realidad Leviatán Laico Confesional es el único que de hecho es libre, y así puede imponer a todos su nihilismo relativista.

Leviatán dispone también de la libertad de sus miembros, a pesar de que es un derecho natural. Todo a causa del gran engaño que ha provocado esa imagen de la Voluntad General. Cada uno renuncia a su libertad más íntima, que es la del arbitrio libre de su propia voluntad, y la deposita en esa mística Voluntad de lo Común, creyendo así que preserva su libertad, que se obedece a sí mismo cuando cumple cualquier ley

El Estado Laico dispone de los demás bienes de sus miembros.

No sólo vidas y libertades están en sus manos, también los restantes bienes, Leviatán dispone también de los bienes de sus miembros. Lo quiere todo, todo suum, como aquel Timoteo, general ateniense, que recibió el nombre de Dichoso y al que se aplicó el proverbio: «incluso durmiendo su red recoge para él». El Estado, incluso durmiendo, recauda y confisca a diario ingentes sumas que están gastadas antes de entrar en sus arcas. Todos debemos ingresar continuamente dinero en su cuenta bancaria sin que se moleste siquiera en venir a recogerlo, somos sujetos pasivos, retenedores, repercutidos y otras especies tributarias, hay impuestos para todo.

En resumen, Leviatán Laico juega a ser dios, intolerante además.

Como vemos Leviatán Laicista juega a ser dios y hace lo que quiere con nuestras vidas, con nuestras libertades y con nuestros más preciados bienes. Y lo que desea es conformarnos a su imagen y semejanza.

José Ramón Recuero. Respuestas breves a inmensas cuestiones. (Cuestiones 592-605)

La Comunidad Política

Los elementos sociales

522.- Factores de una Comunidad.

Analicemos en primer lugar los elementos o factores que intervienen en la convivencia humana, descomponiendo y diferenciando unos de otros. Los básicos son cuatro: las personas, el suum, las fuerzas y el régimen u organización.

523.- Las personas.

Vemos en primer término mujeres y hombres que son, que somos, una mezcla de racionalidad y de absurdo, de prudencia y de necedad (como sabemos por la Ontología), cada uno con sus creencias, sus ideas morales, su conciencia y sus pasiones. Cada cual es para sí mismo «Yo» y los demás semejantes son para él «Tú», de manera que quienes conviven en un lugar y en un tiempo determinados forman una Comunidad, del tipo que sea, pues observamos que hay muchas y muy diferentes entre sí.

524.- El «suum»: vida, libertad y bienes.

Divisamos igualmente que también hay cosas o realidades diferentes de las personas, y que sintetizando son la vida de cada hombre, su libertad (en el sentido moral) y sus demás bienes, incorporales o corporales. Vida, libertad y bienes son el «suum» de cada cual, lo suyo, algo que siempre ha existido y existe con independencia de su forma de atribución, y que provoca en los hombres dos palabras mágicas que oímos constantemente: mío y tuyo. Es posible, y aún probable, que los que vivían en los Campos Elíseos, en aquellos siglos dichosos a quienes los antiguos pusieron el nombre de dorados o en la morosofica Utopía, ignorasen estas dos palabras: tuyo y mío. Pero aquí, en la tierra, los hombres de carne y hueso utilizan esas dos palabras, lo mío y lo tuyo, como moneda corriente para expresar que cada persona tiene (o quiere tener) lo suyo, es decir, su vida y su libertad (que es lo suyo interno o inmanente) y también sus otros bienes (lo suyo transcendente o exterior). Esto es lo que, sustantivizando el término latino, llamo «suum»,«lo suyo», lo de cada cual.

525.- Las fuerzas: fuerza física, fuerza de la razón y fuerza del amor.

¿Cómo dar a cada uno lo suyo? Para intentar contestar a esta pregunta tenemos que acudir al tercer elemento social que apunté: las fuerzas que mueven a las personas, relacionándolas entre sí y con los bienes. Como ya sabemos el Mundo que contemplamos no es estático, es dinámico. En sentido impropio puede decirse que está vivo, ya que es energía relativa en continua acción y reacción, de manera que  las personas están viviendo (yo existo sintiendo y pensando), en gerundio, lo que significa que tienen la cualidad de ser movidos y de mover (en sentido aristotélico, no en el meramente local), de ser causados y de ser causa. Usando la que desde Newton es la noción básica de la mecánica, las personas utilizan fuerza. Como animales absurdos que son en sus relaciones mutuas usan fuerza bruta, que es la fuerza material o física. Como seres que además poseen una razón, que no es dios, pero que es, utilizan también en sus relaciones mutuas una fuerza que es más propiamente humana, la fuerza de la razón, a la que también podemos llamar fuerza nouménica o fuerza moral. Y como hombres morosofos queremos, rechazamos, sufrimos, nos alegramos, y en definitiva vivimos, en función de las fuerzas bruta y racional, es cierto, pero también de forma determinante influenciados por esa gran fuerza cósmica que es la fuerza del amor, a la que como ya dije también podemos llamar propiamente fuerza del bien. De manera que tenemos un «cuerpo» capaz de ejercer fuerza bruta; una «razón» que nos permite pensar y querer ejercitando así la fuerza de la mera razón; y, en fin, un sentimiento al que llamamos buen «corazón» que nos mueve hacia el bien impulsados por la fuerza del amor: estas son las potencias que utilizamos para intentar dar a cada cual lo suyo.

526.- La organización o régimen (político) del suum.

Vemos que mujeres y hombres se organizan en Comunidades de muy distinto signo, y que disputan constantemente entre ellos por lo tuyo y lo mío (vida, libertad y bienes), y comprobamos que en tales combates emplean todas las armas de que disponen, tanto la fuerza bruta, como la de la razón, como incluso la del amor. Con frecuencia las tres van entremezcladas, incluso justificándose unas a otras. Pero eso no impide que, fijándonos más detenidamente, podamos diferenciar las distintas formas de organizar las Comunidades humanas en función de la fuerza que se utiliza.

José Ramón Recuero

Antropoteísmo

33.- Propagación y actualidad del antropoteísmo.

Actualmente el materialismo antropoteísta que endiosa al hombre, es la creencia generalmente aceptada en grandes regiones del mundo. Filósofos de distinto signo (vitalistas, existencialistas, socialistas científicos, irracionalistas y otros) coincidieron en negar a Dios y afirmar al Hombre de carne y hueso. Y tras las convulsiones europeas de mil ochocientos cuarenta y ocho, y con las revoluciones ruso-soviética y china, este edificio de la verdad fue establecido en muchos lugares, se desarrolló, y en él se inspiran hoy día muchas legislaciones democráticas que son tenidas por las más avanzadas del mundo.

Actualmente el materialismo antropoteísta que endiosa al hombre, es la creencia generalmente aceptada en grandes regiones del mundo.

34.- El αρχή de los materialistas inmanentes es el Cuerpo humano.

«Homo homini deus est, el hombre es dios para el hombre, he ahí el viraje de la historia del mundo. El hombre es dios, queda divinizado». Estas palabras de Feuerbach en La esencia del cristianismo expresan con toda claridad cuál es el ser supremo en el antropoteísmo: Yo, en cuanto hombre de carne y hueso, mi esencia. Materialismo contemplativo que fue hecho dialéctico por Marx, quien concluyó en La sagrada familia y en sus escritos sobre Hegel que, en efecto, la suprema divinidad es el hombre, pero el hombre vivo, actuando en sus relaciones sociales. Tesis en cierto modo compartida por los existencialistas, para quienes la existencia precede a la esencia, y por tanto el hombre es libertad, todo está permitido. Nietzsche, en fin, transformó en absoluto el materialismo dialéctico, proclamó la muerte de Dios en cuanto Espíritu transcendente, y en Así habló Zaratustra puso en su lugar al nuevo dios: el Superhombre. El nuevo ἀρχή es así el Hombre, un animal sentimental que nace, vive y muere; que tiene derecho a contradecirse y a ser ilógico, absurdo; un animal, en definitiva, que no se guía por su razón sino por su instinto y sus sentidos.

«Homo homini deus est, el hombre es dios para el hombre, he ahí el viraje de la historia del mundo. El hombre es dios, queda divinizado».

35.- Con lo que vuelve a negarse la metafísica y, por tanto, el alma y Dios.

Al poner el sentir sensible antes que el existir, la metafísica sucumbe. En el edificio de la verdad basado en las experiencias sensibles no hay sitio para lo que no se siente corporalmente. Por eso se niega el alma y se niega Dios.

Por eso se niega el alma y se niega Dios.

36.- Y el hombre ya no sabe lo que es, sólo actúa.

Lo trágico del materialismo inmanente es que no hay dioses donde acudir en socorro del Cuerpo, como los había en la antigüedad. El Cuerpo se queda solipsista, solo consigo mismo, convertido en una especie de cárcel temporal, al modo platónico pero sin ideas, absurda. Irracionalismo ametafísico que lleva a muchas personas inteligentes a la angustia, al absurdo y al nihilismo. Como dijo Scheler, hoy el hombre no sabe lo que es, aunque al menos sabe que no lo sabe. Y como ya no cree en verdades objetivas se deja guiar por sus intuiciones sensibles: el moderno hombre antropoteísta asegura, volviendo al sofista Gorgias, que la verdad no existe, y se limita simplemente a actuar.

José Ramón Recuero

Cómo organizar bien una auténtica Comunidad Política

518.- Por tanto, la cuestión es en determinar cómo organizar bien  una auténtica Comunidad Política que se diferencie de una Cuadrilla de Bandidos.

Debemos intentar averiguar de qué manera hay que organizar en justicia lo tuyo y lo mío, que es lo más difícil y complicado del mundo. Lo que me lleva a hacerme las siguientes preguntas: ¿por qué un hombre debe obedecer a otro?, ¿por qué muchos deben obedecer a esos pocos que monopolizan la coacción que llaman legal?, en definitiva, ¿por qué obedecemos a quienes nos mandan? ¿Simplemente porque tienen el poder, la fuerza física superior, y así convierten sus órdenes en leyes? En ese caso, ¿puede existir un monipodio legal?

519.- El buen edificio político.

No quiero ni puedo ocultar mis aspiraciones: aspiro a una Política basada en la decencia, con varios poderes que se limitan entre sí y con democracia auténtica, respetuosa con nuestros derechos naturales, que son previos al poder, y justa, que ampare nuestras vidas, libertades y bienes.

José Ramón Recuero

Política y actualidad

511.- No obstante el actual nihilismo postmoderno ha hecho Comunidades Políticas en las que cada cual hace lo que quiere, y en las que los Estados también  hacen lo que quieren.

Esta es la actual dialéctica de la libertad: cada uno hace lo que desea, sin normas, y el Poder también. De esta forma ata a sus ciudadanos con grandes cadenas, más fuertes que las que Platón pudo imaginar, a modo de una bestia artificial que todo lo ve y todo lo controla. Continuamente se habla de libertad, mientras que de hecho cada vez carecemos más de ella. Hemos creado un sistema político en el que cada persona es una insignificante parte de un Cuerpo Político cuya Voluntad General todo lo puede, puede mandar cualquier cosa, sin límites.

512.- De esta forma el Poder es ahora la única fuente de la Moral y del Derecho.

Los hombres que de hecho lo ejercen tienen en su mano las dos espadas: la de la ética y la de la ley, la del alma y la del cuerpo. Con lo que quienes mandan nos atan hasta el alma, imponen a todos mediante la fuerza de sus leyes sus ideas, las ideas morales que se les antoja.

513.- La Política ha absorbido todo lo nuestro.

Escribe Ortega en La rebelión de las masas que «el politicismo integral, la absorción de todas las cosas y de todo el hombre por la política», es una de las técnicas que se han usado para socializar al hombre y vaciarlo de soledad e intimidad, causándole «hemiplejia moral». Así es, la Política ha absorbido todo lo nuestro, y ha provocado que el hombre haya perdido la capacidad de pensar por sí mismo y de tener una religión y una moral propias.

514.- Y ha atraído a ella gentes poco instruidas.

Políticos juiciosos, preparados, templados, ecuánimes, con visión de futuro, es lo que hoy día más necesitamos, y acaso de lo que más carecemos. Actualmente la Política es un golfo de confusiones en el que con más frecuencia de la desead se engolfan gentes poco instruidas deseosas de ganar pronto mucho dinero, algunos entran en ella buscando el lucro y la ganancia, como los que estaban en torno a Estratocles y Dromóclides, que se exhortaban unos a otros para la «cosecha del oro», tal como en broma llamaban a la Política (Plutarco, Consejos Políticos 798f).

515.- A lo que hay que añadir que la oligarquía que manda en los partidos políticos ha ocupado el Estado.

Todo él. Se ha adueñado de la voluntad popular, del bien común, de las instituciones, de todo. Los teóricos representantes del pueblo están sometidos a su mandato imperativo. Y los ciudadanos nos hemos convertido en meros espectadores, sospechosos de no cumplir sus leyes además.

516.- Y que se practica a discreción el arte de la mentira política.

Hay una máxima de Tiberio, seguida por Luis XI de Francia, que sigue estando de gran actualidad: para mandar hay que disimular. Ya dijo Platón que «parece que los gobernantes deben hacer uso de la mentira y el engaño en buena cantidad para beneficio de los gobernados» (República III, 389b y V, 459d), y esa demagogia sigue practicándose hoy en día. La mentira política se ha convertido en un arte, en una sutil técnica que se calcula, se sopesa, se destila y se dosifica a conveniencia, muy bien nos lo explicó hace ya tiempo Swift en un libro que tituló precisamente así: El arte de la mentira política. Más aun, la mentira de hoy es electrónica, instantánea, global, postmoderna y democrática, incluso se ha democratizado, pues ahora coexiste, tolerante, con las mentiras de la competencia.

517.- Todo lo cual hace necesario regenerar la política desde sus fundamentos.

Es necesario hoy más que nunca sentar las bases de una auténtica Comunidad de Derecho compuesta por ciudadanos libres e iguales, diferenciándola de otro tipo de organizaciones sociales. Y para eso hay que ir a los fundamentos, como siempre intento hacer, comenzando por plantear si hay alguna diferencia entre una cuadrilla de ladrones y un Estado, tal como se preguntó Trasímaco en el diálogo de Platón titulado República.

José Ramón Recuero

Política

507.- Política es el arte de gobernar una comunidad de ciudadanos.

Los hombres vivimos en Comunidad, ya señaló Aristóteles con su habitual sutileza que el hombre es por naturaleza un animal social, y que el insocial por naturaleza y no por azar es o una bestia o un dios, como aquel a quien Homero vitupera «sin patria, sin ley, sin hogar» (Política, 1253a; Ilíada, IX, 63). Vivimos juntos, convivimos, cada uno con sus creencias, sus pasiones, sus juicios morales acerca de bien y de mal, y con libertad en lo más íntimo de su ser. «Yo» encuentra a «Tu», convive con otras personas, y constata que hay también bienes que son diferentes a las personas, cosas a las que genéricamente podemos llamar suum (del que enseguida hablaré). Lo cual supone que para poder convivir y determinar el suum de cada cual (lo suyo) Yo y Tú necesitan organizarse políticamente, con lo que, en definitiva, cada uno está limitando de hecho la libertad de los demás que cohabitan con él. Esta es la cuestión a que se refiere la Política: el «deber ser de yo con otros o en comunidad», por eso es el arte de gobernar una Comunidad de ciudadanos.

508.- El fin de la Política.

Esta es la meta de la Política: discernir qué es justo y qué es injusto en Comunidad para librarnos de esos dos merodeadores que son la guerra y la tiranía, que con tanta frecuencia nos amenazan y afligen, permitiendo una convivencia justa, pacífica, libre y civilizada en la que cada uno tenga lo que en justicia es suyo.

509.- Los fundamentos de la Política son éticos y ontológicos.

Sin acudir a ellos los problemas políticos son laberintos sin salida. De manera que estos principios políticos se van a fundamentar en los principios ontológicos y morales antes desarrollados.

510.- Se trata de un arte difícil, pero sublime.

Kant nos dijo que el mayor y más difícil problema para la especie humana es instaurar una Comunidad cuya constitución política permita que la libertad de cada uno pueda coexistir con la de los demás (Ideas para una historia universal, 5º y 6º principios). Pero, por otra parte, este difícil arte es sublime, ya que si procurar el bien de una persona es deseable, conseguirlo para toda una Comunidad es noble y hermoso. Un buen sistema político es lo mejor que podemos dejar a las generaciones futuras.

José Ramón Recuero

La objeción de conciencia.

La objeción de conciencia.

A veces, con más frecuencia de la deseable, las leyes positivas establecen mandatos que para nuestra conciencia son injustos o inmorales. ¿Qué hacer entonces? Si la conciencia individual y la ley positiva entran en conflicto chocan dos principios: el de legalidad o imperio de la ley, que nos obliga a cumplir las leyes positivas, y el de libertadindividual, valor superior del ordenamiento jurídico. ¿Qué hacer? Está claro que con carácter general hay obligación de cumplir la ley, pues caso contrario no habría convivencia civilizada posible. Pero esto en absoluto impide que pueda reconocerse un ámbito garantizado de libertad de conciencia protegido por las leyes, como señaló en su voto particular a la Sentencia del Tribunal Supremo de 11 de febrero de 2009 el magistrado Campos. Uno de los mecanismos legales que protegen ese ámbito de libertad es la objeción de conciencia rectamente ejercitada. Se trata de un mecanismo legal, no moral, basado en el principio in dubio pro libertate, que permite conciliar el fuero de la conciencia personal con el fuero social o colectivo. Siempre naturalmente que la objeción no pretenda sólo eludir la ley u obtener una ventaja, sino que sea seria y juiciosa.

José Ramón Recuero. Cuestión 735

La vida racional supone reglas morales.

La vida racional supone reglas morales.

Precisamente porque es libre, y para poder serlo, el hombre (..) asume que hay un mundo moral, humano, de bienes preferibles, de valores humanos, y que por tanto existen reglas morales que puede llegar a conocer autónomamente mediante su razón (..). La racionalidad supone que no todo lo que queremos es bueno ni todo lo que odiamos es malo, y esto precisamente es lo propio de la civilización y del progreso.