Código de moralidad social y política según Maritain
“¿Cuál sería el contenido de la carta moral, el código de la moralidad social y política (…), y cuya validez está implícita en el cuerpo fundamental de una sociedad de hombres libres? Tal carta se referiría, por ejemplo, a los puntos siguientes: derechos y libertades de la persona humana; derechos y libertades políticas; derechos y libertades sociales y sus correspondientes responsabilidades; derechos y libertades las personas que forman parte de una sociedad familiar, y libertades y obligaciones de ésta con respecto al cuerpo político; derechos y deberes mutuos entre los grupos y el estado; gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo; funciones de la autoridad en una democracia política y social, obligaciones morales -que obligan en conciencia- con respecto a las leyes justas, así como a la Constitución que garantiza las libertades del pueblo; exclusión de la posibilidad de recurrir a los golpes de estado en una sociedad que es realmente libre y que se halla regida por leyes cuyo cambio y evolución dependen de la mayoría popular; igualdad humana; justicia entre las personas y el cuerpo político; justicia entre el cuerpo político y las personas; amistad cívica e ideal de fraternidad; libertad religiosa, tolerancia recíproca y mutuo respeto entre las diversas comunidades espirituales y escuelas de pensamiento; convicción cívica y amor a la patria; reverencia hacia su historia y herencia, comprensión para las diversas tradiciones que se amalgamaron al crear su unidad; obligaciones de cada persona respecto del bien común del cuerpo político y deberes de cada nación hacia el bien general de la sociedad civilizada, así como la necesidad de adquirir conciencia de la unidad del mundo y de la existencia real de una comunidad de pueblos sobre el planeta.”
Maritain, J. (1956). El hombre y el estado. Buenos Aires, Argentina: Guillermo Kraft Ed.
El 9 de mayo de 1950 el Ministro de Asuntos Exteriores francés, Robert Schuman, pronuncia lo que luego se llamaría Declaración Schuman. Una declaración o programa que es piedra de apoyo fundamental en la construcción europea y en concreto del Tratado constitutivo del la Comunidad Europea del Carbón y del Acero-CECA (Tratado de París de 1951).
Un ejemplo de altas metas puestas en marcha con pasos concretos.
La Declaración busca pasos concretos de paz y solidaridad en la Europa de la posguerra, superando las tensiones que las cuencas del Ruhr y del Saarl históricamente han generado entre Francia y Alemania.
La Declaración inmediatamente recibió el apoyo de otro democratacristiano, el Canciller alemán Konrad Adenauer, poniendo el camino para la firma del Tratado de París un año más tarde.
El Gólgota: El Cristianismo, La Acrópolis: La Filosofía, El Capitolio: El Derecho
– POSHUMANISMO: LA CONTRACULTURA DE LAS TRES CAVERNAS
El Nihilismo: La imposibilidad de conocer la verdad. El relativismo moral: La validez de todas las concepciones morales. El identitarismo excluyente: La sustitución de la identidad personal, la que nos hace únicos, por la de pertenencia a un colectivo excluyente.
– La Civilización se ha desarrollado sobre la base humanista, consagrando las libertades y derechos individuales como propios de la dignidad ontológica del ser humano y ha progresado aplicando la ecuación:
– El Poshumanismo conlleva: . Restricción de las libertades individuales . Abolición de la ética de la responsabilidad . Freno a la creatividad . Desincentivación del riesgo
– El Poshumanismo impide el progreso individual y social, por lo que es incompatible con la sociedad del conocimiento, la única que nos abre la senda de la consolidación de la Civilización y de su futuro.
2. POSHUMANISMO, TOTALITARISMO Y ÉLITES GLOBALES
– La Civilización construida sobre la cosmovisión humanista ha producido una extraordinaria evolución cuanticualitativa, de forma directa en los países democráticos e indirecta en países con regímenes autoritarios o totalitarios:
. Crecimiento exponencial de la población mundial, frenada por el auge del Posthumanismo que propugna el aborto y el descarte de la natalidad. . Culturización de la población mediante el acceso generalizado a la educación.
. Extraordinario desarrollo económico que ha dado lugar a unas clases medias mayoritarias. . La estructura organizativa piramidal está siendo sustituida por sistemas en red.
. Socialización centrada en las megalópolis.
– Esa acelerada evolución se ha producido en un nuevo marco económico, tecnológico y geopolítico:
. Hipertrofia del gasto público. . Endeudamiento público y privado inasumible. . Deslocalización y dispersión de la producción. . Logística internacional especialmente vulnerable. . Eclosión generalizada de las TICs, Tecnologías de la Información y la Comunicación. . Globalización / Generalización del libre mercado. . Fracaso del uso de la fuerza militar en los conflictos regionales. . Irrupción del meteoro chino en el tablero geoestratégico mundial. . Emigraciones masivas. . Nuevo mapa energético y nuevas materias primas. . Creciente supeditación de los estados – nación a una jerarquía globalista autoritaria.
– La pujanza de las sociedades de ciudadanos libres e iguales o con crecientes aspiraciones a serlo, ha puesto en peligro el poder de las élites oligárquicas globales, que están reaccionando con la adopción de una estrategia de implementación de la cosmovisión poshumanista, instrumentada a través de la ideología totalitaria neocomunista. De esa forma se configura una connivencia a escala mundial entre los grandes poderes económico-políticos, que supeditan el antagonismo ideológico al colaboracionismo contracultural.
3. LA DISTOPÍA POSHUMANISTA
Con el fin de conseguir la hegemonía de la cosmovisión Poshumanista, las élites globalistas han generado una batalla cultural sustentada en una proposición contracultural tan irracional como contradictoria en términos, por lo que, tarde o temprano, esa batalla está abocada al fracaso:
. El nihilismo es absolutamente incoherente con la imposición de lo “políticamente correcto”.
. Unas élites que suprimen la libertad intelectual se están negando el progreso en todos los órdenes, por lo que están renunciando a su propio futuro.
. El proceso de sustitución de la persona con sus libertades y derechos por el de pertenencia a un colectivo predeterminado, al que se le otorgan privilegios discriminatorios, choca frontalmente con la necesidad innata de la persona de realizarse como tal y no como perteneciente a un colectivo.
. El asalto a las libertades individuales comporta la sustitución de la meritocracia y el pluralismo por la “diversocracia” y la “cancelación”.
. Las políticas contraculturales terminan cercenando el desarrollo cultural, científico, tecnológico y económico, por lo que el sistema que las adopta está abocado a su implosión.
Madrid, diciembre 2021
José Amengual
BIBLIOGRAFÍA:
GILLES LIPOVETSKY (1944-) “LA ERA DEL VACÍO”
JOSÉ MIGUEL ORTÍ BORDÁS (1938-) “OLIGARQUÍA Y SUMISIÓN” / “DESAFECCIÓN, POSDEMOCRACIA,ANTIPOLÍTICA”
GIANNI VATTIMO (1936-) “EL PENSAMIENTO DÉBIL”
ERNESTO LACLAU (1935-2014) Y CHANTAL MOUFFE (1943-) “HEGEMONÍA Y ESTRATEGIA SOCIALISTA”
DALMACIO NEGRO PAVÓN (1931-) “LA LEY DE HIERRO DE LA OLIGARQUÍA”
JÜRGEN HABERMAS (1929-) “TEORÍA DE LA ACCIÓN COMUNICATIVA”
THEODOR ADORNO (1903-1969) Y MAX HORKHEIMER (1895-1973) “DIALÉCTICA DE LA ILUSTRACIÓN”
HERBERT MARCUSE (1898-1979) “EL HOMBRE UNIDIMENSIONAL”
ANTONIO GRAMSCI (1891-1937) “EL MATERIALISMO HISTÓRICO Y LA FILOSOFÍA DE BENEDETTO CROCE” “NOTAS SOBRE MAQUIAVELO: SOBRE LA POLÍTICA Y SOBRE EL ESTADOMODERNO” / “CARTAS DEDE LA CÁRCEL”
La Justicia es un principio que guía al humanismo cristiano con el fin de que cada persona pueda ser tratada con la dignidad que le corresponde. Todos deben sentirse como miembros de la comunidad social en la que vivimos y como tales respetados en sus derechos fundamentales. La Justicia, no es tratar a todos de la misma manera, ya que todos somos diferentes. Es dar a cada uno lo que le corresponde buscando el desarrollo de cada persona.
La Justicia en la vida se desarrolla en varios aspectos. Por una parte, la búsqueda de que, como personas, nadie se quede atrás y todos puedan desarrollar sus vidas en todos sus ámbitos. Por otro, que la sociedad tenga estructuras justas: una sociedad sustentada en la Verdad imprescindible sin la cual la Justicia es una quimera; unos órganos y procedimientos de administración de Justicia que funcionen y en las que las legítimas pretensiones vulneradas puedan verse resarcidas; un Estado que actúe con procedimientos sencillos, transparentes, buscando no favorecer intereses particulares; un Estado que favorezca el desarrollo de las personas sin invadir sus ámbitos ni acaparar actividades que le son ajenas.
La Libertad como principio del humanismo cristiano parte de la intrínseca libertad de cada ser humano. Cada persona es libre y por tanto es responsable de sus actos. Para ser completamente libre debemos de obrar en conciencia y para ello es imprescindible el haber formado esa conciencia de forma recta. Solo así se puede obrar en consecuencia y ser completamente libre.
La Libertad supone que esté apoyada en la Verdad, y eso supone un conocimiento de los aspectos sobre los que se deben tomar las decisiones. La posibilidad de acceder a información y conocimiento veraz. Esa Verdad determina la Justicia, que busca la equidad partiendo de la Verdad. Sobre ese elemento de Justicia podemos obrar con Libertad.
La Libertad en la vida social se manifiesta en que el ser humano pueda ejercer los diferentes aspectos de su vida: familiar, social, laboral, económica, política,… Algo que se ve vulnerado de forma continua. Supone un Estado no totalitario en que las personas participen en las decisiones. Una sociedad respetuosa con la Libertad requiere que no se manipule a las personas condicionando e imponiendo la forma “correcta” de pensar.
El humanismo cristiano es una de las principales fuentes inspiradoras de la ideología política demócrata cristiana. La democracia cristiana sería la puesta en práctica, la puesta en acción en la vida diaria y social, de los principios que sustentan el humanismo cristiano. Supone el paso de la teoría y el pensamiento a la aplicación en los problemas de la sociedad en un momento y lugar concreto, donde las personas se implican con su visión en los hechos. Se puede decir, por ello, que el humanismo cristiano tiene un papel fundamental como iluminador de la actividad desarrollada por la democracia cristiana.
Como tal fuente ha jugado un papel importante en el desarrollo de la política en diversos países hispano americanos y europeos. Tal es el caso de: Chile, Venezuela, Bélgica, Holanda, Italia y Alemania.
El humanismo cristiano es un punto de apoyo sólido para estructurar un pensamiento sobre el que desarrollar una acción social en los próximos años.
Existe una batalla cultural a nivel mundial y se expande sobre una población que, en muchos casos, carece de ideas fuertes y sugerentes con las que navegar en la incertidumbre.
La presión de las ideas difuminadoras de la verdad y de la dignidad humana van labrando su camino e instaurándose como el “pensamiento correcto” o ”pensamiento único”. Sin opinión crítica que las confronte. Una batalla cultural en la que desde varias corrientes se menoscaba la profunda dignidad de la persona humana.
Ante esta situación, muchas veces, no es solo la voluntad de no ceder la que falta, también la formación suficiente para analizar lo que ocurre y explicarlo. Y en segundo término, dar una alternativa desde una perspectiva que considere a la persona como núcleo fundamental de dignidad y de la vida social.
El humanismo cristiano es un instrumento fundamental en el análisis de lo que ocurre y en las propuestas de alternativas que se pueden dar. Está construido sobre aspectos inmutables de la antropología humana y de su dignidad, y por tanto susceptibles de aplicarse en todo tiempo y lugar. El humanismo cristiano es un excelente faro para guiarse en tiempos convulsos y discernir ante los problemas actuales.
Partiendo de la persona, su intrínseca dignidad es la que hace “cristiano” al humanismo. Es el Cristianismo quien primero en la Historia pone a la persona, como hija de Dios, en el núcleo de la vida y la confiere de una dignidad absoluta e inalienable. Es el aspecto clave. A partir de esa concepción cristiana de la dignidad humana se ha construido el edificio del pensamiento del humanismo cristiano.
Ese edificio de pensamiento se ha realizado con aportes del personalismo, de la Doctrina Social de la Iglesia y de autores como Jaques Maritain y Emmanuel Mounier. Se levanta así una base sólida con la que afrontar los problemas del futuro y además lo suficientemente flexible como para aplicarse de forma sugerente y atractiva en las distintas sociedades y culturas del espectro mundial.
La dignidad humana como núcleo de vida desde la concepción hasta la muerte digna, respetada en su ser integral y en todos sus planos, se convierte en la piedra angular del humanismo cristiano. De ahí se desarrolla su concepción de la familia, la sociedad y de los principios rectores que deben guiarla.
La libertad íntimamente ligada a la dignidad humana, supone la existencia de un derecho a ejercerla y un deber de formar la conciencia para ejercerla responsablemente. Esa libertad confronta a sistemas totalitarios explícitos o encubiertos que menoscaban la libertad y restringen los planos espirituales, intelectuales, culturales, sociales, económicos y antropológicos de la persona. La lucha por una libertad plena es uno de los caminos de trabajo principales del humanismo cristiano tanto en el aspecto personal como en el social.
Esa libertad no se puede encontrar si no está asentada sobre la verdad. La búsqueda de la verdad, una verdad que no depende de nosotros, que nos preexiste. El ejercicio de la libertad está sostenido sobre un juicio de nuestra conciencia de lo que es verdad, de lo que es bueno y lo que no. Que no lo determinamos nosotros. La verdad está íntimamente ligada a la existencia de una ley natural universal y de común aplicación a todos los hombres. Una ley natural y un Derecho Natural que guardan lo inalienable de la persona, de sus derechos fundamentales, y que debe inspirar los Derechos positivos de las sociedades. Derechos positivos que dejan de ser justos en cuanto menoscaban el Derecho Natural.
Ante un mundo dominado por la posverdad y la conformación de la realidad a la voluntad de las sociedades, el humanismo cristiano es la voz que se levanta con la bandera de la obligación de buscar la verdad independientemente del favor en las corrientes de opinión predominantes.
Sin el apoyo en la verdad y el ejercicio de la libertad no es posible la justicia. La justicia en el desarrollo de la vida humana, que la permite crecer en plenitud y con seguridad jurídica y que implica: la defensa de sus derechos a la vida, a formar una familia, a ejercer sus creencias religiosas, a opinar, a la educación, al trabajo, a participar en la vida social.
El humanismo cristiano no solo surte de valores y pensamiento para tener una visión crítica propia, personal o social, ante situaciones o tendencias determinadas. Un modo de tener una postura firme en las aguas no siempre tranquilas que surcamos. También es una fuente de principios inspiradores para guiarnos en nuestro recorrido hacia el futuro. Por eso, el humanismo cristiano es un elemento de gran peso y difícil de sustituir para todos aquellos que creen en un mundo mejor donde la dignidad de la persona es inalienable y que desean trabajar en la realización práctica de ese mundo mejor en la vida social y política.
Principios que señalan el camino del Bien Común, en cuanto la persona como ser social, y en el que la persona y la sociedad han de buscar lo mejor para el conjunto de seres humanos que la conforman. Bien Común que permita una sociedad donde la persona se desarrolle integralmente. Una sociedad más justa, donde impere la seguridad jurídica y el cuidado del entorno limitado en el que desarrollamos nuestra vida, que debemos de mantener y mejorar para generaciones futuras. El Bien Común también supone una adecuada organización social y política en la que la persona puede participar, que permite a la sociedad llegar a las situaciones más críticas, así como proteger a aquellos que sufren y aupar a los menos favorecidos. Un Bien Común que se relaciona estrechamente con los principios de subsidiaridad y de solidaridad.
En conclusión se puede decir que el humanismo cristiano es tanto un armazón de pensamiento que permite el análisis y crítica de las situaciones e ideas presentes, cómo una guía de acción personal, social y política para los próximos años. Un armazón con la flexibilidad necesaria para aplicarse en cualquier lugar y tiempo, y con la solidez enorme de estar asentado sobre la dignidad humana inmutable e incuestionable.
El humanismo cristianoconfronta con fuerza los totalitarismos tanto de estado como de la opinión definida como “correcta” por los poderes mediáticos, económicos e ideológicos. Una batalla cultural y política que puede y debe dar con una alternativa sugerente de futuro.
La Verdad como principio del humanismo cristiano supone una cosmovisión que considera la existencia de absolutos. La existencia del blanco y del negro, de que no todo cae en el espectro de los grises.
Un afirmación tan simple tiene una trascendencia fundamental en todos los aspectos de la vida. No todo se puede relativizar, no todo es aceptable, no todo depende de otros factores. Existen verdades que no están sujetas a revisión. La dignidad de la persona y todo lo que lleva consigo no están sujetos a la diferente opinión y moda del momento.
En el ámbito político la Verdad se debe manifestar en dos aspectos. En primer lugar, no aceptar como negociable lo que falsifica la verdad. Por otro, un deber de trasparencia y de honradez de todo aquel que siguiendo al humanismo cristiano se dedica a la vida política.