Entrevista sobre humanismo cristiano

El podcast Club Dalroy, con Javier Rubio Hípola y David García Díaz entrevistan a Carlos Barros de Lis y a Enrique Granados para charlar sobre humanismo cristiano y su importancia en el desorientado mundo actual.

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El significado de las palabras y el anclaje en la verdad.

León XIV a los miembros del cuerpo diplomático ante la Santa Sede (9 de enero 2026)

La enorme importancia de que las palabras expresen realidades de forma inequívoca

«Hoy en día, el significado de las palabras es cada vez más fluido y los conceptos que representan son cada vez más ambiguos. El lenguaje ya no es el medio preferido por los seres humanos para conocerse y relacionarse entre sí. Además, en las contorsiones de la ambigüedad semántica, el lenguaje se está convirtiendo cada vez más en un arma con la cual engañar, o golpear y ofender a los oponentes. Las palabras deben volver a expresar ciertas realidades de forma inequívoca. Sólo así podrá reanudarse el diálogo auténtico sin malentendidos. Esto debería ocurrir en nuestros hogares y espacios públicos, en la política, en los medios de comunicación y en las redes sociales. Del mismo modo, debería ocurrir en el contexto de las relaciones internacionales y el multilateralismo, para que este último pueda recuperar la fuerza precisa para desempeñar su papel de encuentro y mediación. Esto es realmente necesario para prevenir conflictos y garantizar que nadie se vea tentado a imponerse a los demás mediante la mentalidad de la fuerza, ya sea verbal, física o militar.

También debemos señalar la paradoja de que este debilitamiento del lenguaje se invoca a menudo en nombre de la propia libertad de expresión. Sin embargo, si lo analizamos más detenidamente, ocurre lo contrario, ya que la libertad de expresión está garantizada precisamente por la certeza del lenguaje y el hecho de que cada término está anclado en la verdad. Es doloroso ver cómo, especialmente en Occidente, el espacio para la verdadera libertad de expresión se está reduciendo rápidamente. Al mismo tiempo, se está desarrollando un nuevo lenguaje al estilo orwelliano que, en un intento por ser cada vez más inclusivo, acaba excluyendo a quienes no se ajustan a las ideologías que lo alimentan.«

I Congreso Internacional de Humanismo Cristiano

Del 10 al 12 de marzo de 2026, bajo el lema “Una brújula en un mundo en recomposición”

Se celebrará el I Congreso Internacional de Humanismo Cristiano, un evento académico online organizado por la Cátedra Instituto Hervás-UCAV de Humanismo Cristiano de la Universidad Católica de Ávila (España).

El I Congreso Internacional de Humanismo Cristiano se propone ofrecer criterios, análisis y perspectivas para afrontar los cambios acelerados que vive nuestro tiempo.

Este encuentro busca abrir un espacio de diálogo y reflexión interdisciplinar en torno a los desafíos actuales y el aporte del Humanismo Cristiano como horizonte orientador para la sociedad contemporánea.

La web del Congreso para inscribirse gratuitamente y para envío de comunicaciones: https://congresointernacionaldehumanismocristiano.es/

«Teoría y práctica del humanismo cristiano» de Fernando Díez Moreno

https://www.latribunadetoledo.es/noticia/z6f649f04-0fb1-8480-f787cded177350ad/202112/teoria-y-practica-del-humanismo-cristiano

El pasado 26 de noviembre, Jaime Mayor Oreja me invitó a participar en la presentación pública de la plataforma cívica NEOS (norte, este, oeste y sur) para hablar de mi libro ‘Teoría y práctica del humanismo cristiano’. Estas fueron las palabras que pronuncié:
«Después de cuarenta años organizando todo tipo de actividades en la Fundación Tomás Moro, que fue constituida en 1981 por Cruz Martínez Esteruelas, y que tiene por objeto la difusión entre jóvenes universitarios de los ideales y valores del humanismo cristiano, después de cuarenta años, como digo, llegué a la constatación de que no existía una teoría general de tal humanismo que respondiera al interrogante ¿qué es el humanismo cristiano?
Me propuse, basado en tan amplia experiencia, formular dicha teoría general. Y esta es la razón de este libro. Otra cosa es que lo haya conseguido.
Se basa en dos ejes: la persona y la comunidad. La persona trascendente, como ser creado a imagen y semejanza de Dios y que tiene en su dignidad el origen de la libertad y de los derechos naturales, ahora llamados fundamentales o derechos humanos. Y la comunidad, que puede ser política (los poderes públicos) o social (la sociedad civil), con el problema de la delimitación de los respectivos ámbitos de actuación.
Pero no quise quedarme en la pura teoría y apliqué dicha teoría general a los problemas concretos de la convivencia diaria de nuestro país y de lo que llamamos civilización occidental. Así, entre otros muchos temas, desarrollé la respuesta del humanismo a los temas de las ideologías, la condición del gobernante, los derechos humanos, las Fuerzas Armadas, la ideología de género, el nuevo orden mundial, el aborto, el humanismo social, el trabajo, la inmigración, la familia, la cultura, el laicismo, el relativismo, etc. etc.
Como la mejor pedagogía es el ejemplo, el libro contiene tres ejemplos históricos (Tomas Moro, Erasmo de Rotterdam y Juan Luis Vives) y cuatro ejemplos modernos (Jacques Maritain, el Cardenal Marcelo González, Cruz Martínez Esteruelas y S. Juan Pablo II). De todos y cada uno se reseña su biografía, su pensamiento y sus obras escritas.
Y el motivo de haberlos elegido es porque reúnen los seis caracteres propios del humanista, a saber:
1). Investidura cultural. Eran hombres de una gran cultura.
2). Preparación profesional para los cargos, incluso políticos, que desempeñaron (es decir, lo contrario de lo que nos ocurre en la España de hoy).
3). Defensa de todos los derechos humanos. De todos. Porque hay humanismos que dicen defender a la persona, pero a la hora de defender al concebido y no nacido, o la libertad religiosa o de enseñanza, se ponen de perfil
4). Sentido de la familia, aunque algunos no la tuvieran próxima.
5). Sentido de la amistad. La valoraban como un tesoro.
6). Sentido del humor y de la ironía. Cuando Tomas Moro subía al cadalso le dijo al verdugo «ayúdeme a subir que para bajar ya me las arreglaré yo solo». Y cuando Juan Pablo II era entrevistado por André Frossar para escribir el libro ‘No tengáis miedo’, le contó que en el Vaticano se decía del Papa que rezaba a Dios diciendo «Dios mío, algún día veré yo a mi amada patria Polonia como país libre y democrático» y Dios se quedó pensando y dijo «sí, pero no mientras tu vivas» (la anécdota es anterior a la caída del muro de Berlín). Y después el Papa seguía rezando «Dios mío y después de mí habrá otro Papa polaco» y Dios se quedó pensando más tiempo y dijo «sí, pero no mientras yo viva». Esto es sentido de la ironía y del humor. Muchas gracias».
Estas fueron mis palabras. No pude añadir,  por haber agotado el tiempo, que el libro contenía una síntesis de la Constitución ‘Gaudium et Spes‘ del Concilio Vaticano II, que es la Carta Magna del humanismo cristiano; y de la Encíclica ‘Redemptor Hominis‘, primera y programática del pontificado de Juan Pablo II.

Presentación del libro ‘Recuperar la libertad. Por una España auténticamente democrática’

El Aula Política del Instituto de Estudios de la Democracia de la Universidad CEU San Pablo ha organizado la presentación del libro ‘Recuperar la libertad. Por una España auténticamente democrática’. Durante el evento se exploraron temas como la democracia, la libertad, la justicia y el Estado de Derecho.

Por el interés de varios de sus capítulos con una clara perspectiva desde el Humanismo Cristiano lo publicamos aquí.

El Estado no da la libertad

Sin embargo, sentirse libre no necesariamente es ser libre. Precisamente los estados quieren ciudadanos contentos, que se sientan libres, amodorrados y acríticos, porque facilitan la gobernanza y también su manipulación

Artículo de Carlos Barros de Lis en el Debate

https://www.eldebate.com/opinion/20250811/estado-no-da-libertad_325046.html

Ciudadanos contentos y acríticos facilitan la gobernanza de los estados, también su manipulación.

Muchos niños y jóvenes están de campamento; oliendo pinares, sudando marchas, soñando las estrellas y cantando alegrías: libres.

Otros, adultos, estarán viendo la serie, el micro vídeo de las redes y escurriendo el tiempo con mensajes. Que nada nos ocupe que nos preocupe: soñolienta existencia.

Nos percibimos libres todos: voy, digo, hago y pienso lo que quiero; y voto. La palabra libertad aparece enaltecida en todas las ocasiones y los políticos no dejan de usarla.

Sin embargo, sentirse libre no necesariamente es ser libre. Precisamente los estados quieren ciudadanos contentos, que se sientan libres, amodorrados y acríticos, porque facilitan la gobernanza y también su manipulación. Pero, ni la Magnesia de Platón, ni el Leviatán de Hobbes, ni el contrato social de Rousseau contemplan ni quieren la libertad de la persona, es más, la aprisionan. Rousseau fue más allá, y nos igualó bajo las cadenas de la Voluntad General del Estado. Esos estados, cuyas derivadas históricas desgraciadamente vivimos, se han convertido en todopoderosos y asfixiantes.

Por eso el hincapié en la libertad. No en la libertad del que ve la vida pasar, ni en la del que se mueve entre cuatro paredes de un lado para otro, que grita y piensa lo que quiere. Antes bien en la libertad de aquél que pregunta dónde está la luz, y la enciende; ve la ventana, y la abre, y respira; va hacia la puerta, y decide salir; se informa de los caminos, y elige uno que recorrer; se esfuerza en subir la montaña; corre el riesgo de caer entre las rocas; en la cima, contempla el horizonte y divisa aquellas cuatro paredes donde estaba encerrado; abre los brazos y eleva su mirada, y su alma. Esa es la libertad.

Los chavales del campamento: miran sus brújulas, corren riesgos, se esfuerzan, deciden, y elevan sus espíritus. Experimentan la libertad. Por el contrario, la comodidad, que tanto nos gusta, nos lleva a huir del esfuerzo, nos atonta la voluntad, nos lleva a la pasividad acrítica y, en el mejor de los casos, nos lleva al «que lo hagan otros, mientras me quejo».

La vida actual nos tiene tranquilos y encerrados en nuestros gimnasios, películas en la cama, trabajo en casa, noticias en titulares y mensajitos cortos. Nos pone en bandeja nuestra comodidad y la del estado. En estas circunstancias la formación crítica y el trato humano se vuelven menos naturales y algo que requiere voluntad para realizarse.

El primer paso de la verdadera libertad supone hacerse responsable de la misma. Quiero ser libre. Libre de verdad, con sus exigencias. Formar mi conciencia, para saber qué pienso y qué criterio tengo, y confrontarme a mí mismo. El segundo paso es asumir que la libertad supone elegir, y elegir supone, en ocasiones, el sacrificio de renunciar a las alternativas. A partir de ahí seré responsable de lo que pienso, digo y hago, aún con el coste que supone. Seré libre, y lo seré, aunque estuviera cubierto de cadenas.

El que no se hace responsable de sí mismo actúa según su ambiente y circunstancias, manipulado. Copia opiniones, sin conformar la propia. No sigue criterios de lo bueno y lo justo, no porque no existan, sino porque no hace el esfuerzo de conocerlos. Delega los criterios en el estado. Es el ciudadano perfecto. Controlado, conducido.

Nuestra libertad no es solo empequeñecida por la comodidad de las circunstancias. También la enorme legislación nacional y autonómica, cara e ineficaz, nos rodea con la sensación real de que todo tiene un precepto, y otro autonómico que lo cambia. Ningún ámbito de la existencia se escapa a varias normas, muchas veces yuxtapuestas, contradictorias e ilógicas. Ante ellas el cumplimiento de la mayoría se vuelve casi imposible y nos sitúa bajo sospecha permanente de infracción. Que nos hayamos acostumbrado no quiere decir que no respiremos cada vez menos aire. Para muchos, el no vislumbrar un futuro menos opresivo, supone un motivo de desmoralización y amargura.

Sin embargo, que el Estado todo lo legisle, siendo pernicioso, no es lo peor. Cuando aceptamos que el Estado es fuente de lo que es bueno o malo, justo o injusto, caemos en traspasar al estado algo que nunca debe estar en sus manos: los criterios de moralidad y los de justicia. Estos siempre son previos y anteriores al mismo. El Estado es un gestor al que las personas transferimos de manera temporal, parcial y revisable, determinado poder para el buen funcionamiento de la comunidad. En este sentido, ya la fundamental Escuela de Salamanca fue pionera en la elaboración de una teoría política que limitase al Estado.

Ante esta situación que nos rodea, es crítico que todos demos un paso para ser personas libres de verdad y con criterio propio bien formado. Esto nos permitirá, con el esfuerzo que huye de la comodidad, frenar la deriva de un Estado totalizador y asfixiante, no delegar en él nuestra propia responsabilidad, ni aceptarlo como fuente de criterios morales ni de justicia. Además, recuperaremos algo crucial, como es la ilusión de poder formar una sociedad mejor.

  • Carlos Barros de Lis Tubbe pertenece al Instituto de Estudios de la Democracia

Recuperar la libertad

Por una España auténticamente democrática

El Aula Política del Instituto de Estudios de la Democracia, adscrito a la Universidad CEU San Pablo, es una plataforma de pensamiento compuesta por personas con preocupación por la vida pública, el hombre y la sociedad, con espíritu universitario basado en la libertad y el respeto a los principios básicos del humanismo cristiano.

Uno de sus fines es realizar y divulgar estudios que aborden los fundamentos morales, filosóficos y científicos de la democracia en España, unos fundamentos que, por entroncar con los inalienables derechos humanos, eviten que las mayorías democráticas invadan esferas de la vida social y personal que deben ser ajenas a la acción política del Poder.

En esa línea, ha promovido este libro coordinado por José Ramón Recuero Astray, filósofo, escritor y miembro de dicho Instituto, que ha ejercido como abogado del Estado en el Tribunal Supremo de España unos 30 años. Su finalidad es afianzar la democracia existente en España y contribuir a instaurar una democracia plural y efectiva, en la que la soberanía sea realmente del pueblo español, los poderes públicos estén limitados y sirvan al bien común y, en definitiva, los derechos y libertades de todos los españoles (de todos) queden preservados y garantizados. Ofrece para ello propuestas prácticas, realistas y positivas que permitan recuperar la auténtica democracia representativa y preservar las libertades fundamentales, para superar así la degradación de la democracia que se está produciendo en España y el ataque a las libertades que ello está causando en gran parte de los españoles.

https://www.dykinson.com/libros/recuperar-la-libertad-por-una-espana-autenticamente-democratica/9788419976925