El humanismo cristiano es un punto de apoyo sólido para estructurar un pensamiento sobre el que desarrollar una acción social en los próximos años.
Existe una batalla cultural a nivel mundial y se expande sobre una población que, en muchos casos, carece de ideas fuertes y sugerentes con las que navegar en la incertidumbre.
La presión de las ideas difuminadoras de la verdad y de la dignidad humana van labrando su camino e instaurándose como el “pensamiento correcto” o ”pensamiento único”. Sin opinión crítica que las confronte. Una batalla cultural en la que desde varias corrientes se menoscaba la profunda dignidad de la persona humana.
Ante esta situación, muchas veces, no es solo la voluntad de no ceder la que falta, también la formación suficiente para analizar lo que ocurre y explicarlo. Y en segundo término, dar una alternativa desde una perspectiva que considere a la persona como núcleo fundamental de dignidad y de la vida social.
El humanismo cristiano es un instrumento fundamental en el análisis de lo que ocurre y en las propuestas de alternativas que se pueden dar. Está construido sobre aspectos inmutables de la antropología humana y de su dignidad, y por tanto susceptibles de aplicarse en todo tiempo y lugar. El humanismo cristiano es un excelente faro para guiarse en tiempos convulsos y discernir ante los problemas actuales.
Partiendo de la persona, su intrínseca dignidad es la que hace “cristiano” al humanismo. Es el Cristianismo quien primero en la Historia pone a la persona, como hija de Dios, en el núcleo de la vida y la confiere de una dignidad absoluta e inalienable. Es el aspecto clave. A partir de esa concepción cristiana de la dignidad humana se ha construido el edificio del pensamiento del humanismo cristiano.
Ese edificio de pensamiento se ha realizado con aportes del personalismo, de la Doctrina Social de la Iglesia y de autores como Jaques Maritain y Emmanuel Mounier. Se levanta así una base sólida con la que afrontar los problemas del futuro y además lo suficientemente flexible como para aplicarse de forma sugerente y atractiva en las distintas sociedades y culturas del espectro mundial.
La dignidad humana como núcleo de vida desde la concepción hasta la muerte digna, respetada en su ser integral y en todos sus planos, se convierte en la piedra angular del humanismo cristiano. De ahí se desarrolla su concepción de la familia, la sociedad y de los principios rectores que deben guiarla.
La libertad íntimamente ligada a la dignidad humana, supone la existencia de un derecho a ejercerla y un deber de formar la conciencia para ejercerla responsablemente. Esa libertad confronta a sistemas totalitarios explícitos o encubiertos que menoscaban la libertad y restringen los planos espirituales, intelectuales, culturales, sociales, económicos y antropológicos de la persona. La lucha por una libertad plena es uno de los caminos de trabajo principales del humanismo cristiano tanto en el aspecto personal como en el social.
Esa libertad no se puede encontrar si no está asentada sobre la verdad. La búsqueda de la verdad, una verdad que no depende de nosotros, que nos preexiste. El ejercicio de la libertad está sostenido sobre un juicio de nuestra conciencia de lo que es verdad, de lo que es bueno y lo que no. Que no lo determinamos nosotros. La verdad está íntimamente ligada a la existencia de una ley natural universal y de común aplicación a todos los hombres. Una ley natural y un Derecho Natural que guardan lo inalienable de la persona, de sus derechos fundamentales, y que debe inspirar los Derechos positivos de las sociedades. Derechos positivos que dejan de ser justos en cuanto menoscaban el Derecho Natural.
Ante un mundo dominado por la posverdad y la conformación de la realidad a la voluntad de las sociedades, el humanismo cristiano es la voz que se levanta con la bandera de la obligación de buscar la verdad independientemente del favor en las corrientes de opinión predominantes.
Sin el apoyo en la verdad y el ejercicio de la libertad no es posible la justicia. La justicia en el desarrollo de la vida humana, que la permite crecer en plenitud y con seguridad jurídica y que implica: la defensa de sus derechos a la vida, a formar una familia, a ejercer sus creencias religiosas, a opinar, a la educación, al trabajo, a participar en la vida social.
El humanismo cristiano no solo surte de valores y pensamiento para tener una visión crítica propia, personal o social, ante situaciones o tendencias determinadas. Un modo de tener una postura firme en las aguas no siempre tranquilas que surcamos. También es una fuente de principios inspiradores para guiarnos en nuestro recorrido hacia el futuro. Por eso, el humanismo cristiano es un elemento de gran peso y difícil de sustituir para todos aquellos que creen en un mundo mejor donde la dignidad de la persona es inalienable y que desean trabajar en la realización práctica de ese mundo mejor en la vida social y política.
Principios que señalan el camino del Bien Común, en cuanto la persona como ser social, y en el que la persona y la sociedad han de buscar lo mejor para el conjunto de seres humanos que la conforman. Bien Común que permita una sociedad donde la persona se desarrolle integralmente. Una sociedad más justa, donde impere la seguridad jurídica y el cuidado del entorno limitado en el que desarrollamos nuestra vida, que debemos de mantener y mejorar para generaciones futuras. El Bien Común también supone una adecuada organización social y política en la que la persona puede participar, que permite a la sociedad llegar a las situaciones más críticas, así como proteger a aquellos que sufren y aupar a los menos favorecidos. Un Bien Común que se relaciona estrechamente con los principios de subsidiaridad y de solidaridad.
En conclusión se puede decir que el humanismo cristiano es tanto un armazón de pensamiento que permite el análisis y crítica de las situaciones e ideas presentes, cómo una guía de acción personal, social y política para los próximos años. Un armazón con la flexibilidad necesaria para aplicarse en cualquier lugar y tiempo, y con la solidez enorme de estar asentado sobre la dignidad humana inmutable e incuestionable.
El humanismo cristiano confronta con fuerza los totalitarismos tanto de estado como de la opinión definida como “correcta” por los poderes mediáticos, económicos e ideológicos. Una batalla cultural y política que puede y debe dar con una alternativa sugerente de futuro.
San Sebastián (España), 3 de enero de 2021
Carlos Barros de Lis
