Un discurso de alto contenido de los temas relacionados con el Humanismo Cristiano.
Invita a la reflexión y al estudio profundo por parte de la sociedad civil, la academia y la política.

“..una fuerza cultural y temporal de inspiración cristiana, capaz de actuar sobre la historia y de ayudar a los hombres.” J.Maritain
enlaces de interés
Organizado por la Cátedra de Humanismo Cristiano Instituto Hervás-Universidad Católica de Ávila
Entre los días 10 y 12 de marzo se celebró con gran éxito el I Congreso Internacional de Humanismo Cristiano, un encuentro académico que reunió a investigadores y profesores de diversas instituciones universitarias para reflexionar sobre la actualidad y los desafíos del humanismo cristiano en el mundo contemporáneo.
El congreso contó con la participaciones procedentes de 17 universidades de siete países —España, Argentina, Chile, Perú, México, Cuba y Venezuela—, lo que puso de manifiesto su marcado carácter internacional y, especialmente, la importante presencia del ámbito académico hispanoamericano.

A lo largo de las tres jornadas se desarrollaron ponencias invitadas y comunicaciones académicas en torno a distintas dimensiones del humanismo cristiano —pensamiento, cultura y acción— abordando cuestiones como la dignidad de la persona, los retos del transhumanismo, la inteligencia artificial o la dimensión social y política del humanismo cristiano.
La convocatoria ha registrado una alta participación y un ambiente de diálogo académico muy fructífero, generando además reacciones muy positivas entre los asistentes y participantes. Este primer congreso ha abierto así un espacio de encuentro y colaboración internacional que se espera continúe desarrollándose en futuras ediciones, consolidando una red académica interesada en profundizar y actualizar la tradición del humanismo cristiano.
(10–12 de marzo de 2026)
Vivimos un momento histórico marcado por la fragmentación. Crisis antropológica, aceleración tecnológica, polarización política, incertidumbre cultural. La pregunta de fondo no es solo qué está pasando, sino qué idea de persona está en juego.
En este contexto se celebrará, del 10 al 12 de marzo de 2026, el I Congreso Internacional de Humanismo Cristiano, bajo el lema: “Una brújula en un mundo en recomposición”. Una propuesta académica y cultural que busca volver al núcleo: la dignidad de la persona y su centralidad en la vida social, política y tecnológica.
El congreso reúne a profesores e investigadores de España e Hispanoamérica para abordar cuestiones clave desde la tradición del humanismo cristiano:
No se trata de un encuentro nostálgico ni meramente confesional, sino de un espacio de reflexión rigurosa ante los desafíos contemporáneos. El diálogo con fenómenos como la IA, el transhumanismo o la crisis de los fundamentos políticos muestra que el humanismo cristiano no es una reliquia intelectual, sino una propuesta viva.


Uno de los riesgos de nuestro tiempo es la superficialidad acelerada. Opinión sin fundamento. Debate sin categorías sólidas. Tecnología sin antropología.
Este congreso propone lo contrario: detenerse, escuchar, dialogar. Recuperar categorías fuertes —persona, libertad, verdad, comunidad, bien común— y repensarlas a la luz de los desafíos actuales.
En un momento en el que muchas discusiones públicas parecen girar en torno al poder o la eficiencia, el humanismo cristiano recuerda una verdad sencilla y radical: la persona es el centro y la medida de toda organización social y tecnológica.
El congreso será online y gratuito, lo que facilita la participación desde cualquier lugar. Una oportunidad excelente para estudiantes, docentes, profesionales o simplemente personas interesadas en comprender mejor el momento cultural que atravesamos.
Más información e inscripción:
👉 https://congresointernacionaldehumanismocristiano.es/
En tiempos de recomposición, no basta con reaccionar. Es necesario pensar. Y, si es posible, hacerlo con brújula.

Del 10 al 12 de marzo de 2026, bajo el lema “Una brújula en un mundo en recomposición”
Se celebrará el I Congreso Internacional de Humanismo Cristiano, un evento académico online organizado por la Cátedra Instituto Hervás-UCAV de Humanismo Cristiano de la Universidad Católica de Ávila (España).

El I Congreso Internacional de Humanismo Cristiano se propone ofrecer criterios, análisis y perspectivas para afrontar los cambios acelerados que vive nuestro tiempo.
Este encuentro busca abrir un espacio de diálogo y reflexión interdisciplinar en torno a los desafíos actuales y el aporte del Humanismo Cristiano como horizonte orientador para la sociedad contemporánea.
La web del Congreso para inscribirse gratuitamente y para envío de comunicaciones: https://congresointernacionaldehumanismocristiano.es/
El pasado 26 de noviembre, Jaime Mayor Oreja me invitó a participar en la presentación pública de la plataforma cívica NEOS (norte, este, oeste y sur) para hablar de mi libro ‘Teoría y práctica del humanismo cristiano’. Estas fueron las palabras que pronuncié:
«Después de cuarenta años organizando todo tipo de actividades en la Fundación Tomás Moro, que fue constituida en 1981 por Cruz Martínez Esteruelas, y que tiene por objeto la difusión entre jóvenes universitarios de los ideales y valores del humanismo cristiano, después de cuarenta años, como digo, llegué a la constatación de que no existía una teoría general de tal humanismo que respondiera al interrogante ¿qué es el humanismo cristiano?
Me propuse, basado en tan amplia experiencia, formular dicha teoría general. Y esta es la razón de este libro. Otra cosa es que lo haya conseguido.
Se basa en dos ejes: la persona y la comunidad. La persona trascendente, como ser creado a imagen y semejanza de Dios y que tiene en su dignidad el origen de la libertad y de los derechos naturales, ahora llamados fundamentales o derechos humanos. Y la comunidad, que puede ser política (los poderes públicos) o social (la sociedad civil), con el problema de la delimitación de los respectivos ámbitos de actuación.
Pero no quise quedarme en la pura teoría y apliqué dicha teoría general a los problemas concretos de la convivencia diaria de nuestro país y de lo que llamamos civilización occidental. Así, entre otros muchos temas, desarrollé la respuesta del humanismo a los temas de las ideologías, la condición del gobernante, los derechos humanos, las Fuerzas Armadas, la ideología de género, el nuevo orden mundial, el aborto, el humanismo social, el trabajo, la inmigración, la familia, la cultura, el laicismo, el relativismo, etc. etc.
Como la mejor pedagogía es el ejemplo, el libro contiene tres ejemplos históricos (Tomas Moro, Erasmo de Rotterdam y Juan Luis Vives) y cuatro ejemplos modernos (Jacques Maritain, el Cardenal Marcelo González, Cruz Martínez Esteruelas y S. Juan Pablo II). De todos y cada uno se reseña su biografía, su pensamiento y sus obras escritas.
Y el motivo de haberlos elegido es porque reúnen los seis caracteres propios del humanista, a saber:
1). Investidura cultural. Eran hombres de una gran cultura.
2). Preparación profesional para los cargos, incluso políticos, que desempeñaron (es decir, lo contrario de lo que nos ocurre en la España de hoy).
3). Defensa de todos los derechos humanos. De todos. Porque hay humanismos que dicen defender a la persona, pero a la hora de defender al concebido y no nacido, o la libertad religiosa o de enseñanza, se ponen de perfil
4). Sentido de la familia, aunque algunos no la tuvieran próxima.
5). Sentido de la amistad. La valoraban como un tesoro.
6). Sentido del humor y de la ironía. Cuando Tomas Moro subía al cadalso le dijo al verdugo «ayúdeme a subir que para bajar ya me las arreglaré yo solo». Y cuando Juan Pablo II era entrevistado por André Frossar para escribir el libro ‘No tengáis miedo’, le contó que en el Vaticano se decía del Papa que rezaba a Dios diciendo «Dios mío, algún día veré yo a mi amada patria Polonia como país libre y democrático» y Dios se quedó pensando y dijo «sí, pero no mientras tu vivas» (la anécdota es anterior a la caída del muro de Berlín). Y después el Papa seguía rezando «Dios mío y después de mí habrá otro Papa polaco» y Dios se quedó pensando más tiempo y dijo «sí, pero no mientras yo viva». Esto es sentido de la ironía y del humor. Muchas gracias».
Estas fueron mis palabras. No pude añadir, por haber agotado el tiempo, que el libro contenía una síntesis de la Constitución ‘Gaudium et Spes‘ del Concilio Vaticano II, que es la Carta Magna del humanismo cristiano; y de la Encíclica ‘Redemptor Hominis‘, primera y programática del pontificado de Juan Pablo II.
El Aula Política del Instituto de Estudios de la Democracia de la Universidad CEU San Pablo ha organizado la presentación del libro ‘Recuperar la libertad. Por una España auténticamente democrática’. Durante el evento se exploraron temas como la democracia, la libertad, la justicia y el Estado de Derecho.
Por el interés de varios de sus capítulos con una clara perspectiva desde el Humanismo Cristiano lo publicamos aquí.
Sin embargo, sentirse libre no necesariamente es ser libre. Precisamente los estados quieren ciudadanos contentos, que se sientan libres, amodorrados y acríticos, porque facilitan la gobernanza y también su manipulación
Artículo de Carlos Barros de Lis en el Debate
https://www.eldebate.com/opinion/20250811/estado-no-da-libertad_325046.html
Ciudadanos contentos y acríticos facilitan la gobernanza de los estados, también su manipulación.
Muchos niños y jóvenes están de campamento; oliendo pinares, sudando marchas, soñando las estrellas y cantando alegrías: libres.
Otros, adultos, estarán viendo la serie, el micro vídeo de las redes y escurriendo el tiempo con mensajes. Que nada nos ocupe que nos preocupe: soñolienta existencia.
Nos percibimos libres todos: voy, digo, hago y pienso lo que quiero; y voto. La palabra libertad aparece enaltecida en todas las ocasiones y los políticos no dejan de usarla.
Sin embargo, sentirse libre no necesariamente es ser libre. Precisamente los estados quieren ciudadanos contentos, que se sientan libres, amodorrados y acríticos, porque facilitan la gobernanza y también su manipulación. Pero, ni la Magnesia de Platón, ni el Leviatán de Hobbes, ni el contrato social de Rousseau contemplan ni quieren la libertad de la persona, es más, la aprisionan. Rousseau fue más allá, y nos igualó bajo las cadenas de la Voluntad General del Estado. Esos estados, cuyas derivadas históricas desgraciadamente vivimos, se han convertido en todopoderosos y asfixiantes.
Por eso el hincapié en la libertad. No en la libertad del que ve la vida pasar, ni en la del que se mueve entre cuatro paredes de un lado para otro, que grita y piensa lo que quiere. Antes bien en la libertad de aquél que pregunta dónde está la luz, y la enciende; ve la ventana, y la abre, y respira; va hacia la puerta, y decide salir; se informa de los caminos, y elige uno que recorrer; se esfuerza en subir la montaña; corre el riesgo de caer entre las rocas; en la cima, contempla el horizonte y divisa aquellas cuatro paredes donde estaba encerrado; abre los brazos y eleva su mirada, y su alma. Esa es la libertad.
Los chavales del campamento: miran sus brújulas, corren riesgos, se esfuerzan, deciden, y elevan sus espíritus. Experimentan la libertad. Por el contrario, la comodidad, que tanto nos gusta, nos lleva a huir del esfuerzo, nos atonta la voluntad, nos lleva a la pasividad acrítica y, en el mejor de los casos, nos lleva al «que lo hagan otros, mientras me quejo».
La vida actual nos tiene tranquilos y encerrados en nuestros gimnasios, películas en la cama, trabajo en casa, noticias en titulares y mensajitos cortos. Nos pone en bandeja nuestra comodidad y la del estado. En estas circunstancias la formación crítica y el trato humano se vuelven menos naturales y algo que requiere voluntad para realizarse.
El primer paso de la verdadera libertad supone hacerse responsable de la misma. Quiero ser libre. Libre de verdad, con sus exigencias. Formar mi conciencia, para saber qué pienso y qué criterio tengo, y confrontarme a mí mismo. El segundo paso es asumir que la libertad supone elegir, y elegir supone, en ocasiones, el sacrificio de renunciar a las alternativas. A partir de ahí seré responsable de lo que pienso, digo y hago, aún con el coste que supone. Seré libre, y lo seré, aunque estuviera cubierto de cadenas.
El que no se hace responsable de sí mismo actúa según su ambiente y circunstancias, manipulado. Copia opiniones, sin conformar la propia. No sigue criterios de lo bueno y lo justo, no porque no existan, sino porque no hace el esfuerzo de conocerlos. Delega los criterios en el estado. Es el ciudadano perfecto. Controlado, conducido.
Nuestra libertad no es solo empequeñecida por la comodidad de las circunstancias. También la enorme legislación nacional y autonómica, cara e ineficaz, nos rodea con la sensación real de que todo tiene un precepto, y otro autonómico que lo cambia. Ningún ámbito de la existencia se escapa a varias normas, muchas veces yuxtapuestas, contradictorias e ilógicas. Ante ellas el cumplimiento de la mayoría se vuelve casi imposible y nos sitúa bajo sospecha permanente de infracción. Que nos hayamos acostumbrado no quiere decir que no respiremos cada vez menos aire. Para muchos, el no vislumbrar un futuro menos opresivo, supone un motivo de desmoralización y amargura.
Sin embargo, que el Estado todo lo legisle, siendo pernicioso, no es lo peor. Cuando aceptamos que el Estado es fuente de lo que es bueno o malo, justo o injusto, caemos en traspasar al estado algo que nunca debe estar en sus manos: los criterios de moralidad y los de justicia. Estos siempre son previos y anteriores al mismo. El Estado es un gestor al que las personas transferimos de manera temporal, parcial y revisable, determinado poder para el buen funcionamiento de la comunidad. En este sentido, ya la fundamental Escuela de Salamanca fue pionera en la elaboración de una teoría política que limitase al Estado.
Ante esta situación que nos rodea, es crítico que todos demos un paso para ser personas libres de verdad y con criterio propio bien formado. Esto nos permitirá, con el esfuerzo que huye de la comodidad, frenar la deriva de un Estado totalizador y asfixiante, no delegar en él nuestra propia responsabilidad, ni aceptarlo como fuente de criterios morales ni de justicia. Además, recuperaremos algo crucial, como es la ilusión de poder formar una sociedad mejor.
Por una España auténticamente democrática

El Aula Política del Instituto de Estudios de la Democracia, adscrito a la Universidad CEU San Pablo, es una plataforma de pensamiento compuesta por personas con preocupación por la vida pública, el hombre y la sociedad, con espíritu universitario basado en la libertad y el respeto a los principios básicos del humanismo cristiano.
Uno de sus fines es realizar y divulgar estudios que aborden los fundamentos morales, filosóficos y científicos de la democracia en España, unos fundamentos que, por entroncar con los inalienables derechos humanos, eviten que las mayorías democráticas invadan esferas de la vida social y personal que deben ser ajenas a la acción política del Poder.
En esa línea, ha promovido este libro coordinado por José Ramón Recuero Astray, filósofo, escritor y miembro de dicho Instituto, que ha ejercido como abogado del Estado en el Tribunal Supremo de España unos 30 años. Su finalidad es afianzar la democracia existente en España y contribuir a instaurar una democracia plural y efectiva, en la que la soberanía sea realmente del pueblo español, los poderes públicos estén limitados y sirvan al bien común y, en definitiva, los derechos y libertades de todos los españoles (de todos) queden preservados y garantizados. Ofrece para ello propuestas prácticas, realistas y positivas que permitan recuperar la auténtica democracia representativa y preservar las libertades fundamentales, para superar así la degradación de la democracia que se está produciendo en España y el ataque a las libertades que ello está causando en gran parte de los españoles.